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Origen de la devoción universal al Sagrado Corazón

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El mes de junio es el del Sagrado Corazón. Esta devoción se extendió por Europa en el siglo XVII, con las apariciones a Santa Margarita María de Alacoque. En el siglo XVIII se conoció y extendió por España y las tierras del Nuevo Mundo (América y Filipinas) gracias al joven jesuita vallisoletano Beato F. Bernardo de Hoyos. Pero fue en el siglo XIX, con el Papa León XIII, cuando el Culto al Sagrado Corazón se hizo universal en la Iglesia. Este Papa escribió la Encíclica “Sobre la Consagración del Género Humano al Sagrado Corazón de Jesús” (1899). El culto ya estaba, como se desprende de estas palabras al principio de la Encíclica: “La aprobadísima devoción acerca del culto del Sacratísimo Corazón de Jesús, hemos procurado defenderla y colocarla en grande esplendor más de una vez, a ejemplo de Nuestros antecesores Inocencio XlI, Benedicto XIII, Clemente XIII, Pío VI, VII y IX, y esto hicimos muy particularmente, en decreto dado el 28 de Junio de 1879”.

El Reinado de Jesucristo es de derecho divino. En la Encíclica antedicha, el Papa recordó la respuesta de Jesucristo a Pilatos cuando le preguntó si era Rey: «Tú lo dices que yo soy Rey», y estas palabras a los Apóstoles: «Me ha sido dada toda la potestad en el cielo y en la tierra». Por ello, advierte: “su imperio ha de ser sumo, absoluto (…)”. En 1689, Jesús encargó, a Santa Margarita, pedirle a Luis XIV la consagración de Francia a su Corazón. Aunque fue a la Corte a transmitírselo personalmente, el rey lo pasó por alto (algunos historiadores observan que, justo a los cien años, se inició la sangrienta revolución francesa). Si el Rey Sol hubiera hecho caso, los asuntos sociales, políticos y religiosos en la nación francesa, ¿no habrían sido muy diferentes? El Corazón de Jesús prometió por medio de Santa Margarita, estas gracias a sus devotos: “A las almas consagradas a mi Corazón, les daré las gracias necesarias para su estado, daré la paz a las familias, las consolaré en todas sus aflicciones, derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresa, bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y honrada, las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él (…), a todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final”.

Josefa Romo Garlito

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