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La Opinión de Zamora

Cristina García Casado.

Los telares de Cris

Cristina García Casado

Cuidar

La verdad de la vida es que todos necesitamos a otras personas y todos necesitamos sentir que hacemos algo por alguien

Una persona agarra las manos de un mayor MICHAELA REHLE

“Todas las vidas que no has vivido son perfectas, ideales; pero en algún momento tienes que vivir la que te ha tocado vivir, hija. Lo que me recuerda que alguien tiene que hacer la comida”. Esta frase la dice una de las madres de Cinco lobitos, la película más celebrada estas semanas en España por enfrentarnos, por un rato, a lo importante.

Que tantos nos hayamos conmovido con una historia tan poco extraordinaria (padres que ayudan a sus hijos, hijas que ayudan a sus madres) dice bastante de dónde estamos. Expuestos continuamente a vidas con filtro de personajes que emplean su existencia en abrir cajitas de marcas y tomar champán a deshora. Si el champán se bebe todos los días deja de serlo.

Dicen que es una película dura, pero solo es real. Un documental sobre la vida. Sobre lo trascendente, en medio de esta futilidad (yates, filtros, influs) que nos inunda. Cinco lobitos va sobre ese sustantivo que por fin ha entrado en la política, es decir, en la vida pública: los cuidados.

El sistema quiere que creamos que siempre seremos jóvenes y que ese ser joven es ir a tu aire y que todo lo demás (parejas, hijos, familia, la casa, hacerse la bendita comida) son cargas indeseables

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El sistema quiere que creamos que siempre seremos jóvenes y que ese ser joven es ir a tu aire y que todo lo demás (parejas, hijos, familia, la casa, hacerse la bendita comida) son cargas indeseables. Un sistema que te dice que le entregues tu treintena a la empresa porque ser madre te cortará las alas, pero te envía puntualmente mensajes para recordarte la mortalidad de tus óvulos y que se los lleves a congelar. Dinerito.

La realidad es que todos envejecemos, enfermamos, nos sentimos solos, nos quedamos sin trabajo, nos desesperamos, nos entristecemos, nos vemos desbordados. La verdad de la vida es que todos necesitamos a otras personas y todos -hasta los que nieguen con la cabeza leyendo esto- necesitamos sentir que hacemos algo por alguien. Es humano.

Oigo bastante hablar de los hijos como “carga” o “trabajo” que no se le quiere dar a los abuelos y oigo menos hablar de los tantísimos abuelos y bisabuelos que están más solos que la una y todavía con tanta energía, historias, sabiduría, ganas de aportar, necesidad de seguir sintiéndose útiles y queridos. Otra película que está en cartelera, La voluntaria, muestra bien el alcance de ese anhelo con Carmen Machi (excelente) en el papel de Marisa, una médica jubilada que se va trabajar a un campo de refugiados en Grecia. Tiene tres hijos pero ninguno le concede más de un saludo apurado cuando los llama.

Si los jóvenes se sienten aislados, los padres y madres están criando solos, y los abuelos y bisabuelos echan de menos a sus hijos, está claro que algo estructural no está funcionando. En “Libertad”, otra buena película española reciente, se ven nítidos los estragos que hace esa desconexión. Y también el dolor de las madres que dejaron a sus hijos y a sus padres en Latinoamérica o Asia para venir a cuidar de los nuestros por cuatro perras y -tantas veces- cero altas en la seguridad social. El cuidado como trabajo remunerado debe existir, pero en impecables condiciones. Debería ser carísimo, como dice la cómica argentina Charo López. ¿Aceptamos pagarle una barbaridad a un notario pero le racaneamos el sueldo a la persona que mantiene con vida a nuestros hijos y padres?

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