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La Opinión de Zamora

Carmen Ferreras

Zamoreando

Carmen Ferreras

Cuán difícil

“Zamora Enamora” no puede ser ni de izquierdas ni de derechas

ZAMORA. GANADOR PREMIO MARCA ZAMORA JOSE LUIS FERNANDEZ

Cuán, pero cuán difícil resulta el entendimiento en Zamora. Y no sólo entre instituciones, también entre los propios zamoranos. Es como el cuento de la Parrala. Sólo que, en Zamora, y en una especie de más difícil todavía, ni sí ni no, sino todo lo contrario. Así no hay quien se ponga de acuerdo. Y eso siempre que no se destaque porque cuando se descuella un poco, se tiran a degüello.

¿Qué pasa ahora con “Zamora Enamora”? Unos fustigan al caballo y otros tiran de la rienda. O ‘so’ o ‘arre’ ya que esta indefinición no nos lleva a ninguna parte. Lo de “Zamora Enamora” tiene su encanto a sabiendas de que Zamora es la única ciudad del mundo que en la entraña de su nombre lleva escrita la palabra ‘Amor’. El amor algo tiene que ver, digo yo, con el enamoramiento. Pues vamos a darle cancha.

Zamora muere por inanición. Porque tenemos una clase política que, salvo excepciones que hay que aplaudir, no hace nada o lo hace en función del color que representa

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Ciertas cosas no pueden ser ni de izquierdas ni de derechas, ni de azules ni de rojos, ni de ‘poder’ ni de ‘influencia’, simplemente hay que dejarlas fluir, apoyar y dejarse en paz de personalismos y protagonismos. Tampoco entiendo muy bien la postura del empresariado de Zamora. Si haces porque no es a gusto de todos y si no haces porque esa inercia no lleva a ninguna parte, al final ocurre que entre todos la mataron y ella sola se murió.

Zamora muere por inanición. Porque tenemos una clase política que, salvo excepciones que hay que aplaudir, no hace nada o lo hace en función del color que representa. Y un empresariado que tampoco puede sacar pecho, porque ni fu, ni fa, para desesperación de la mayoría ciudadana. Mientras seguimos esperando que lo de Monte la Reina se resuelva, no podemos permanecer impasible el ademan, porque nos las dan todas del mismo lado.

Zamora necesita, además de a sus militares, que siempre son una garantía, un tejido empresarial en condiciones, unos empresarios capaces, unidos, con ideas y unas instituciones que apoyen, que no pongan trabas, que se dejen de juegos burocráticos que espantan al personal. Con esa actitud, con esa baja estima propia de los zamoranos, mister Marshall siempre pasará de largo por estas tierras de leyenda a las que se les podría sacar un mayor rendimiento, no me atrevo a decir un mayor partido, porque enseguida aparecen los colores.

Hay que ser más ‘echaos palante’. No podemos dejar que Zamora sucumba. Y sucumbe. No podemos seguir perdiendo población. No podemos seguir formando a nuestros jóvenes, invirtiendo en ellos, para que luego desarrollen sus conocimientos en otras latitudes. No podemos. Vamos a ser serios y rigurosos y a trabajar codo con codo por el bien de Zamora.

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