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La Opinión de Zamora

Demetrio Madrid

Utilización sectaria de la oposición política

Una buena alternativa debe ejercer su función presentando propuestas y opciones políticas

ILUSTRACION. HOMBRES TIRANDO DE CUERDA. PABLO GARCIA

Este artículo también podría titularse : “La importancia de una buena oposición”. Con el conocimiento que ya tenemos de más de cuarenta años de práctica democrática en España (habiendo sido el periodo más fecundo de nuestra historia), a pesar de los graves problemas que nuevamente aparecen, tenemos la obligación y el derecho de corregir estas situaciones, aunque solo sea para garantizar a nuestros hijos y nietos un país capaz de disponer de las mejores condiciones de estabilidad y bienestar social, cultural y económico. También conocemos el comportamiento de los diferentes partidos políticos que facilitaron esta situación de desarrollo económico y democrático y de las nuevas formaciones políticas que legítimamente se han ido creando a lo largo de estos últimos años difíciles, con nuevos problemas, que exigen nuevas aptitudes y responsabilidades. Ante estas circunstancias, tenemos derecho a preguntarnos: ¿Cuál es el papel de la oposición? Evidentemente el Gobierno debe gobernar, pero el papel de la oposición, ¿solo tiene que oponerse? Estoy hablando de la oposición en el marco de la política del Estado.

La democracia, entre otras aspiraciones, es un anhelo y el deseo de llegar a la igualdad, utilizando los instrumentos democráticos de participación, voto y representación. Por eso la oposición debe ser un elemento básico y esencial de los regímenes democráticos. Son el factor de control y limitación de los gobiernos; al tiempo que la formación de otros gobiernos ante nuevas elecciones o moción de censura. Por lo tanto una buena alternativa debe ejercer su función presentando propuestas y opciones políticas, además de disentir criticar y fiscalizar al ejecutivo. Por todas estas razones, tan importantes, la oposición democrática no debe pretender la destrucción del Estado. En todo caso modificarlo de acuerdo con la Constitución, que prevé su reforma, el pluralismo y la convivencia en el disenso. De tal manera que el pluralismo y la convivencia en el debate, son inexcusables en la democracia.

Frente a los graves problemas es exigible la atención y responsabilidad de todos, que haga posible y garantice la gobernanza en defensa de los derechos de la ciudadanía

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Una oposición seria con aspiraciones a gobernar, no puede, no debe utilizar una estrategia leninista de “cuanto peor mejor”. O como manifestó en el Congreso Cristóbal Montoro cuando era Diputado: “que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”, o Ignacio Cosidó, declarando que: “los inmigrantes musulmanes suponen un riesgo para nuestra democracia”, o cuando dirigiéndose a sus compañeros les espetó: “no os preocupéis por la Presidencia de la Sala Segunda de lo Penal del Tribunal Supremo, que la conseguiremos por la puerta de atrás”. Tampoco se puede entender que tanto el anterior líder del Partido Popular, cesado abruptamente, como su flamante sucesor Señor Núñez Feijoo declara que “la renovación del Consejo General del Poder Judicial no es prioritario” (con un mandato caducado hace cuatro años). O aquella frase para la historia. “el Gobierno dinamita los cimientos de la democracia”. Cabe preguntarse si esta oposición y estos políticos, merecen ser respetados como políticos de Estado.

En otro orden de cosas, no se entiende que una oposición democrática no favorezca los acuerdos sociales firmados por los sindicatos y la patronal como la Reforma Laboral, el Decreto Anticrisis, el Salario mínimo o la Reforma de las Pensiones. Por poner algunos ejemplos.

Todas estas manifestaciones y aptitudes son un mero muestrario, cuya repercusión ayudan a erosionar la democracia creando un estado negativo y de crispación, como lo demuestra el último sondeo del CIS que sostiene que la inmensa mayoría de los encuestados (89,7 %) manifiestan que sus representantes políticos están obligados a alcanzar importantes acuerdos. También que hay que rebajar la tensión política (90.4 %), así como que cese la bronca política. En definitiva el estudio refleja una ciudadanía preocupada por el tono del debate político y catastrofista. Hay que convenir que la crítica no puede confundirse con la descalificación, la especulación y el insulto. Bien es verdad que no es fenómeno exclusivo de España, pero tampoco es un consuelo. También hay que constatar que el enfrentamiento continuado es una oportunidad que promociona a la extrema derecha.

El debate político es fundamental y consustancial en los países democráticos y desarrollados, también el acuerdo que permitan asegurar la estabilidad como Países avanzados. Frente a los graves problemas es exigible la atención y responsabilidad de todos, que haga posible y garantice la gobernanza en defensa de los derechos de la ciudadanía.

Tenemos que hacer posible que el pluralismo y la convivencia en el desacuerdo sean viables. También la oposición tiene que asumir la responsabilidad de trabajar por el mayor bienestar de los ciudadanos. Además una oposición responsable debe comportarse consciente de que, también, tiene que rendir cuentas, o al contrario será menos responsable cuando menos esperanzas tenga de gobernar. Lógicamente tiene que ofrecer propuestas concretas en relación con sus objetivos. Y es que mientras los populismos necesitan enemigos, la democracia requiere oposición responsable.

Desde una perspectiva progresista, gobernar significa, fundamentalmente que las desigualdades sociales vayan disminuyendo en beneficio de los más necesitado, La justicia social, lo recoge nuestra Constitución en tres principios fundamentales que deberán ser garantizados por las instit6ucciones (también por la oposición): el estado social de derecho, la dignidad humana y la igualdad de oportunidades; para lo cual hay que promover el reparto equitativo de los bienes y servicios con leyes y normas. Su último fin es acabar con la pobreza y la desigualdad, si queremos conseguir el pleno desarrollo humano.

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