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La Opinión de Zamora

José Manuel del Barrio

Siete días y un deseo

José Manuel del Barrio

Mayores

Veamos el envejecimiento como un reto y nunca como un problema

Visita en una residencia de mayores Cedida

Disculpen que hoy vuelva a la carga con un tema recurrente en esta columna y, por extensión, en la vida cotidiana de Zamora o de Castilla y León: los mayores. Observen que no hablo del problema de los mayores ni del envejecimiento de la población, como tantas y tantas veces leemos o escuchamos en una provincia que, como ya saben, destaca por tener una de las tasas más elevadas de personas de 65 y más años en España y Europa. Les recuerdo que, más o menos, uno de cada tres residentes en estas tierras se encuentra en esa franja de edad. Y claro, como hemos ido interiorizando poco a poco que eso es una catástrofe y que una sociedad o una provincia que se encuentran en esa situación apenas tienen futuro, pues entonces es lógico que cundan el desánimo y la impotencia más absoluta. Fíjense bien, por favor, porque tras estas percepciones se esconde una visión de las personas mayores muy negativa, con profundas consecuencias sobre los modos de encarar y resolver los retos de un colectivo amplio, diverso, plural y heterogéneo.

Por favor, veamos el envejecimiento como un reto y nunca como un problema. Puede parecer que es idéntico lo uno que lo otro, pero no

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Esta perorata debe entenderse también por mis relaciones tan estrechas con los mayores en charlas o talleres desde hace muchísimos años. Sin ir más lejos, durante las últimas semanas he tenido la ocasión de lanzar un mensaje positivo de estas personas y, por extensión, del envejecimiento de la población en la Universidad de la Experiencia en Benavente, donde he compartido el tiempo con un grupo fantástico durante las tardes de cinco jueves, o en los talleres que he impartido en varias localidades de Salamanca en el marco del Programa Provincia Universitaria, financiado por la Diputación salmantina y la Universidad de Salamanca. Y en las próximas semanas lo volveré a hacer en los actos que aún tengo que desarrollar. En todos ellos siempre lanzo el mensaje opuesto al que habitualmente están acostumbrados a escuchar. Y claro, cuando descubren estas cosas tan diferentes, no solo se les ilumina el rostro sino que incluso muchas personas confiesan en privado que ya era hora de que alguien viera a los mayores con otros ojos.

Por favor, veamos el envejecimiento como un reto y nunca como un problema. Puede parecer que es idéntico lo uno que lo otro, pero no. Si nos centramos en una visión negativa, es decir, si resaltamos que los mayores son un problema, entonces estamos lanzando un mensaje contra un sector de la población que merece todos nuestros mimos, cuidados y atenciones. Entonces, si estamos de acuerdo en algo tan obvio, deberíamos hablar más bien de retos e identificar las necesidades pero también las oportunidades y los sueños de gentes que pueden seguir aportando muchísimas cosas a la sociedad. Pero además hay otra razón de peso: hoy por hoy, los mayores son un yacimiento de empleo. Alrededor de estas personas han ido apareciendo actividades y negocios muy diversos: teleasistencia, centros de día, residencias públicas y privadas, servicios de proximidad (comedores, transporte especializado, etc.). Piensen, por un momento, en el montante económico de estas nuevas ocupaciones. Pero piensen también y sobre todo en lo de más arriba.

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