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La Opinión de Zamora

BARBARA PALMERO

Margarita se llama mi amor

La inteligencia civil y militar debe estar al servicio del pueblo español, y no al de unos políticos fugaces

Margarita Robles, tras una rueda de prensa Alejandro Martínez Vélez

En la radio, en horario muy temprano, anuncian un mejunje que dicen que es buenísimo para la memoria. Y lo repiten todos los días a la misma hora, como para crear hábito. Lo que resulta inquietante, porque los humanos tenemos capacidad de razonar y voluntad propia para hacerlo, o no. Son los animales los que aprenden a base de repetir una misma conducta.

Cuando yo era pequeña me aconsejaban que comiera muchas pasas, asegurando que favorecen la memoria. Y con yogur, encima están muy ricas. No sé a qué sabrá el elixir ese que anuncian en la radio, pero casi seguro que a gominolas. Ahora todo se fabrica en formato gominolas. Sospecho que la enésima vacuna del covid, la de la gripe aviar o la del nipah virus también se nos suministrará con forma de gominola.

¿Nos tratan como a tiernos infantes, para que de este modo nos vayamos volviendo más y más insensatos, o es que somos del género necio, y por eso nos tratan como a tales? Táchese lo que no proceda.

Soy capaz de recordar cuando nuestros servicios de inteligencia demostraron que no había armas de destrucción masiva en Iraq. Y aún así, nuestro Gobierno de turno estuvo día y noche trabajando en ello

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Hablando de niños y de falta de memoria: vaya algazara qué se ha montado porque nuestros servicios de inteligencia, sí, nuestros, porque lo son, o al menos, deberían estar al servicio de todos los españoles, han espiado a unos regionalistas cabreados con el Estado de las autonomías. Resulta que años atrás, éste se portaba muy bien y les daba una buena propina. Pero en estos duros e inflacionados momentos no les reparte más que calderilla.

Por eso están que rabian, aunque lo disfracen con lo de que es antidemocrático que les hayan pirateado las fotos de la comunión de los guajes. Aducen que el chismoseo ha sido motivado por razones ideológicas. No sé, ahí tengo mis dudas. Hay que estar muy sobrados para despilfarrar tiempo y dinero en fisgonear por motivos ideológicos a unos independentistas transparentes, cuyo credo no va más allá del in-inde-independencia, y del “prensa española manipuladora”.

De dinero, en este país, no vamos sobrados. Hemos suplicado recientemente a Europa que nos conceda una millonada, y vamos a proceder a lloriquear de nuevo, a ver si tenemos derecho a otra. Así que a santo de qué espiar lo que es de sobra conocido por todos, porque esas criaturas van pregonando su fe liberadora por calles y redes sociales de manera ininterrumpida.

Escucho a mi ministra de Defensa, Margarita se llama mi amor. A quien no he votado. Y a pesar de ello, sigue siendo mi ministra, porque es la ministra responsable de la Defensa de España y yo soy española. Margarita se llama mi amor, ha aclarado a los cuzos de la prensa que la destitución de la directora del Centro Nacional de Inteligencia no es tal, sino que se trata de una sustitución en diferido…

Escucho también a los otros, a esos que ahora presumen de lo mucho que admiran y respetan al CNI. Y caigo en la cuenta de que no me hace falta comprar el remedio ese que publicita insistentemente la radio, porque de memoria voy bastante bien servida.

Soy capaz de recordar cuando nuestros servicios de inteligencia demostraron que no había armas de destrucción masiva en Iraq. Y aún así, nuestro Gobierno de turno estuvo día y noche trabajando en ello. Como recuerdo, cuando en el curso de la invasión de Iraq, fueron asesinados ocho miembros del CNI y el citado Gobierno se negó a concederles la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo, porque consideraron que lo de Iraq no era una guerra.

Sigo recordando cuando el posterior Gobierno, formado igualmente por políticos con fecha de caducidad, se dio mucha prisa en modificar la anterior condecoración con distintivo amarillo al merecido rojo. Pero no en reconocimiento a los valerosos miembros del CNI asesinados salvajemente, qué va, sino para enmendarles la plana a los dirigentes anteriores.

Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo, recomienda el refranero. Por lo que todos nuestros políticos deberían de taparse bien para no coger frío, que las corrientes son muy malas a cualquier edad. O por lo menos, lavarse la boca con agua bendita cuando hablen de funcionarios del Estado, civiles y militares, que cumplen de manera rigurosa y eficiente con la misión que se les encomienda.

Para poner un final más loco todavía al esperpento nacional, me gustaría mencionar a un personaje real, al que hace tiempo convertí en ente literario. Juanitín es un labrador de esos de imponente tractor de dimensiones freudianas, que lo mismo sirve para arar el campo, que te permite ver Disney Channel o apostar en la Copa Mundial de Criquet en el ordenador de a bordo.

Pero lo más significativo es, cómo un sencillo paisano sin conocimiento alguno de inteligencia civil ni militar, se ha anticipado al escándalo de Pegasus. Y es que el tal Juanitín, que no es su nombre de verdad, lleva años quitando todas las piezas doradas de su mega tractor. Asegura que las retira porque le espían a través de ellas. Al tiempo que advierte, que un invento de origen militar, Internet lo es, es imposible que sea inocuo y que no tenga aviesas intenciones.

El dueño del taller de reparaciones, que ya no sabe qué hacer con él, ahora tendrá que darle la razón.

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