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Cristina García Casado.

Los telares de Cris

Cristina García Casado

Locales vacíos

No hay relevo para esas casas que vieron tanto y en los pisos no hay sitio para los recuerdos

Locales vacíos Cristina García Casado

Se vende. Liquidación por cierre. Alquila. No hay optimismo que resista pasar por la calle San Torcuato. Postal absoluta de la despoblación y de algunos apocalipsis más. El pequeño comercio se jubila, se rinde, lo asfixian, desaparece. Ya cuesta recordar a qué tienda corresponde cada esqueleto.

Era mi calle favorita y ahora no hay espíritu que la aguante. Siempre pienso quiénes son los dueños de esos locales vacíos en plena calle ilustre. Si no consiguen alquilar o vender sus espacios o si piden precios desproporcionados. Si no es mejor algo de dinero que ningún dinero. Si no les da pena, también, pisar la calle San Torcuato y verla así.

Ir a nuestro centro comercial mínimo a por lo que ya no se encuentra en las calles tampoco es halagüeño. En su aparcamiento, a la entrada de la ciudad, plantaron un tanatorio gigante. ¿Cómo se llegan a aprobar estas cosas? ¿A quién le pareció bien que lo primero que se vea al llegar sean las letras descomunales de una funeraria?

Zamora no lo tiene fácil (interior, sin grandes empresas, envejecida) pero parece que hay quien se empeña en sentenciarlo imposible. Como si este desmantelamiento solo perjudicara a los que vienen detrás y allá ellos. Ande yo caliente, miopía extrema.

Siempre pienso quiénes son los dueños de esos locales vacíos en plena calle ilustre. Si no consiguen alquilar o vender sus espacios o si piden precios desproporcionados. Si no les da pena, también, pisar la calle San Torcuato y verla así

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Los más o menos jóvenes siempre pueden irse a empezar en otro sitio. ¿Pero qué pasará con la gente mayor? ¿Quién les cuidará, quién les recordará que todavía hacen una paella excelente? ¿Cuántas personas están dejándose pensión, ahorros y domingos en una residencia solo porque los suyos están lejos? La despoblación lo devasta todo: las calles, los lazos, también la memoria.

No hay relevo para esas casas que vieron tanto. Y en los pisos no hay sitio para los recuerdos. Quién contará que era casi imposible irte de la calle San Torcuato sin unos zapatos nuevos.

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