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Opinión

El Horno

cartas

cartas / LOZ

Desde mi más tierna infancia me ha gustado la naturaleza, y me arrepiento de no haberla disfrutado en plenitud. Cuando iba de pesca en Riomanzanas dejaba en paz a los peces, y me dedicaba a escuchar los sonidos de la naturaleza; allá, en aquellos parajes idílicos de Ribera Grande; el agua correr mansamente, el armonioso cántico de los pájaros, el ruido de las hojas mecidas por el viento suave y caluroso del mes de agosto; hasta, sentí que alguien que me profesaba un gran amor estaba sentado a mi lado, y noté un escatológico escalofrío de felicidad al recordar a personas que tristemente no estaban con nosotros.

Aquella maravillosa mañana de verano riomanzanera cogí el manual de supervivencia de las Fuerzas Armadas, para darle un repaso, y me encaminé hacia los chopos de la presa de San Bartolo, con el entretenido y didáctico manual, al llegar al apartado de cómo se hace un pequeño horno de pan, me vino a la idea que esto sería un buen acicate para los rapaces del pueblo que veía un poco aburridos, me puse manos a la obra, llamé a mis sobrinos, hijos y demás chavales del pueblo, que se pusieron como motos al comentar la idea; en primer lugar, hicimos una pequeña excavación en el terreno, para albergar la zona de fuego del horno, lo segundo, hicimos el horno propiamente dicho, lo forramos con piedras refractarias que abundan en la ribera del Manzanas, y lo cubrimos con terrones, pusimos una chimenea a base de pizarra de la zona, y lo dejamos secar hasta el día siguiente, después les enseñe a hacer pan, que aprendieron con rapidez y astucia; en el horno asaron de todo; pan, patatas, chorizo, hasta peces que pescaban; seguro, que hubo más de una risa en los hogares riomanzaneros de aquél inolvidable verano.

Hoy en la actualidad estos chavales son hombres y mujeres hechos y derechos, los animo a que dejen aparcado su móvil, Facebook, instagram, etc, y, disfruten de la naturaleza, para encontrarse consigo mismos, su cuerpo y alma se lo agradecerán. Para todos los jóvenes; de ayer, hoy, y mañana.

Jesús María Muradas

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