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Amador Pérez

La Gaya

Amador Pérez

¿Con quién jugaban en el barrio los niños ucranianos?

Hay unos límites que no se pueden rebasar en nombre de ninguna ideología

Volodimir Zelenski, presidente ucrania

Mientras el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, describía en el Parlamento español el horror de los niños de su país a los que sus padres le graban en la espalda sus nombres para que, allá a dónde encuentren a alguien con un corazón humano, sepa quiénes fueron sus padres, sus abuelos, sus amigos y con quién jugaban en el barrio de una ciudad ucraniana, ahora destruida, yo me imaginaba el largo camino que los ucranianos están recorriendo hacia la libertad y en lo poco que hemos aprendido los europeos de los errores del pasado reciente. Pensaba en el pueblo ruso que solo ha disfrutado un cortísimo lapso de tiempo de un cierto grado de libertad cuándo eligieron a un presidente gran bebedor de vodka.

El discurso del presidente Zelenski me trajo otros recuerdos de mis lecturas. El 19 de noviembre de 1938 el gobierno de Hitler publicó un “bando” que hizo colocar en todas las sinagogas de Alemania en el que decía:

“¡Ddesde hoy en adelante, ningún judío puede dirigir negocios ni empresas!

¡Desde hoy en adelante, ningún niño judío puede entrar en una biblioteca pública!

¡Desde hoy en adelante, ningún niño judío puede entrar en parque público o jardín de recreo!

¡Desde hoy en adelante, todos los judíos deben llevar una banda amarilla en el brazo con la estrella de David!”.

Y me recordó al anciano Rey Christian de Dinamarca dirigiéndose al Parlamento de su país cuando las Fuerzas Danesas Libres, los estadounidenses y los ingleses liberaron a Dinamarca del nazismo el 5 de mayo de 1945.

El presidente español, Pedro Sánchez, lo entendió muy bien cuando dijo, poco más o menos: tenemos la responsabilidad de ayudar al pueblo ucraniano en nombre de la libertad universal

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Cuando el presidente, Zelenski pronunció en el Parlamento español la palabra Gernika, de repente nos devolvió a abril de 1937, con una verdad tan rotunda que no necesitó énfasis para que nos cortara la respiración y nos puso ante dos pantallas tan distantes en el tiempo como iguales en la realidad. Una sola frase, un nombre y una fecha nos helaron el corazón. Nosotros también tuvimos un Putin enano, que era de los nuestros, y luego se quedó entre nosotros y continuó llenando las cunetas de tumbas.

El presidente español, Pedro Sánchez, lo entendió muy bien cuando dijo, poco más o menos: tenemos la responsabilidad de ayudar al pueblo ucraniano en nombre de la libertad universal. Si hoy no nos tomamos en serio apoyar al Gobierno de Ucrania, también nuestra libertad está amenazada. Tenemos la responsabilidad de sacrificar algo nuestro modo de vida.

Yo también me puse en pie en el salón de mi casa y aplaudí a los dos presidentes. Hay unos límites que no se pueden rebasar en nombre de ninguna ideología y si cuesta algún sacrificio pues habrá que hacerlo. Al fin y al cabo, mi generación tiene experiencia en sacrificios.

Voy a pagar un poco más de impuestos para que los niños del presidente Zelenski puedan jugar como los nuestros en los parques de los barrios de nuestras ciudades. El regalo más maravilloso que podemos hacer es ayudar a esa gente y no solo a nosotros mismos. Claro que hay muchas cosas que discutir, para eso nos hemos ganado la libertad, pero nosotros no podremos ser libres mientras haya pueblos que tengan que luchar con tanta desesperación para serlo. No “todo está permitido”.

El párrafo anterior lo he entrecomillado porque lo tomé ayer mientras veía la representación teatral de “Los Justos”, de Camus. La había escuchado muchas veces, pero no sabía quién era el autor. Se representó en el teatro Liceo de Salamanca, al día siguiente del discurso del Presidente Zelenski en nuestro Parlamento. Los personajes de Camus, en esta obra, expresan las dudas morales que le surgen por no haber matado al “Gran Duque” de Rusia porque iba acompañado de dos sobrinos en el carruaje. La jefa del comando encargado de asesinarlo con una bomba contra el carruaje, zanja la cuestión diciendo: “Ni siquiera en la revolución, todo está permitido”. El Gran Duque, Sergei Alexandrovich, Gobernador General de Moscú, un día de 1905, fue asesinado por el mismo grupo revolucionario.

También me recordó los “pogromos” desencadenados contra los judíos ucranianos por el dirigente nacionalistan, Simon Vasilievich Pitlura, que fue asesinado en París, donde se encontraba exiliado, por el judío, Sholom Schwartzbard. En el juicio celebrado en la capital francesa, Sholom fue absuelto, el Tribunal justificó su sentencia tomando en consideración el sufrimiento que había causado a los judíos en las matanzas que había cometido contra ellos en su país.

Nadie nace odiando a otra persona, ni por el color de su piel, por su religión o por sus orígenes. La gente tiene que aprender a odiar y, desgraciadamente hay demasiados hechos en los que podemos fundamentar esta afirmación, pero también podemos amar y para esto no se necesita ningún aprendizaje, solo es necesario dejarse llevar por lo que sientes en lo más profundo de tu corazón.

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