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Laura Rivero

Jueves Santo de color republicano

Zamora es un ejemplo vivo de convivencia, no debemos olvidarlo

Bandera de la República.

Por esas cosas del calendario que representa la vida compartida en sociedad por personas diferentes, la festividad de origen religioso del Jueves Santo coincide este año con la celebración de la proclamación de la Segunda República de España.

Por casualidades del mismo calendario compartido, no es la primera vez que uno de los días en torno a la Semana Santa coincide con el catorce de abril republicano o con otro acontecimiento político.

Así el Sábado Santo del 9 de abril de 1977 pasó a la historia como “Sábado Santo Rojo” porque fue cuando el primer presidente democrático tras la dictadura franquista, Adolfo Suárez, legalizó el Partido Comunista de España, que tanto había luchado por la democracia desde la clandestinidad. Dicen las crónicas de la época que entre el 11 y el 15 de abril, España estuvo al borde de un golpe de Estado tras la legalización de los “sempiternos enemigos de España” –como se refería a ellos la ultraderecha fascista- que ya podrían presentarse a las elecciones democráticas de ese mismo año, por las que tantos habían perdido la libertad y la vida, como unos meses antes los abogados laboralistas de la matanza de Atocha. También dicen algunos analistas políticos que Suarez eligió la fecha para legalizar al PCE, en periodo vacacional y de luto por la muerte de Cristo, para paliar la reacción que se esperaba por parte de los franquistas.

El Lunes Santo de este año también ha tenido un simbolismo político importante en esta Comunidad que está celebrando su Semana Santa. No tanto porque se haya reelegido al que ya era presidente de Castilla y León –lo cual no es una novedad- sino porque por primera vez vuelve la ultraderecha a formar parte de un gobierno. Y con esta vuelta, amenazan con dar otra vuelta de tuerca al olvido. Con la entrada de Vox en el gobierno autonómico, las derechas vuelven a intentar borrar la historia cambiando el actual decreto de memoria histórica por otro llamado “de concordia”, para incluir a los dos bandos de la Guerra Civil –dicen- y olvidar que el golpe de Estado contra la legalidad sólo lo dio un “bando”: el que ganó la guerra por él mismo iniciada, impuso una Dictadura de más de cuarenta años y siguió reprimiendo a los demócratas en ese largo tiempo.

Por esas cosas de la primavera compartida, el campo se ha teñido de verde, salpicado de flores de miles de colores y sembrado de semillas de alimentos, y la primera luna llena de esta estación marca el calendario litúrgico de la Semana Santa.

Los que compartimos la ciudad de Zamora todo el año y la abrimos de corazón a los visitantes que quieren conocer nuestra especial Semana Santa de siempre, sabemos que ese sentimiento “semanasantero” no es incompatible con otras celebraciones

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Por casualidades de la primavera compartida, si no llueve saldremos al verde campo a celebrar la esperanza en un mundo mejor que para nosotros representa la tercera república de trabajadores que seguimos anhelando. Y si escampa, también saldrá la procesión de la Esperanza de manto verde, que teñirá del mismo color del campo las calles de mi ciudad. Mujeres y hombres que en los surcos y en las calles mantienen la esperanza de que vuelve la vida el Domingo de Resurrección, y de que el campo resucita cada día para seguir alimentando al mundo: nuestra esperanza.

Por esas cosas de la ciudad compartida, mientras los pasos de las procesiones de Jueves Santo recuerdan la pasión y muerte de Cristo, los republicanos también honraremos el recuerdo de “aquellos que murieron gritando libertad” (Labordeta) en la fosa común del cementerio y en el sencillo monolito -sin imaginería o escultura aún- de la plaza de la Cárcel, al lado del Mercado de Abastos, depositando un ramo de flores con los colores de la otra bandera de España. La que no representa a la monarquía.

La bandera del amarillo de “la luz de compañero que escribía ¡salud! frente a los cielos” (Labordeta) y que por casualidades de la vida compartida, este año coincide con uno de los “tres Jueves hay en el año que relucen más que el sol”: el Jueves Santo.

La bandera de color rojo de la sangre de los Cristos barrocos de esta tierra, que es tan roja como la de los hombres a quienes quiso acercarse para vivir y morir como ellos. El rojo del corazón de la igualdad que, no por casualidad sino por convicción, también defendió mucho antes ese Jesús que se hizo hombre para sufrir su misma suerte. Y su misma muerte.

La bandera de la franja morada que dicen que representa el pendón de los comuneros de Castilla contra el Emperador europeo de las Españas, y que por casualidades de la vida compartida, es también el color de la túnica y caperuz de los cofrades de la procesión del Jueves Santo por la tarde de Zamora: el color que a la vera de la cruz representa el sufrimiento del calvario de Cristo liberador, infringido por el Imperio de los romanos.

Los que compartimos la ciudad de Zamora todo el año y la abrimos de corazón a los visitantes que quieren conocer nuestra especial Semana Santa de siempre, sabemos que ese sentimiento “semanasantero” no es incompatible con otras celebraciones que pueden coincidir en estos días: con la libertad de aquel Sábado Santo Rojo de hace 45 años, que precedía a la resurrección de la libertad; con los colores de la esperanza, de la procesión de la Vera Cruz, del campo y de la luz que reluce más que el sol del Jueves Santo. Colores que comparte nuestra bandera republicana de España.

La procesión del Yacente y el canto del Miserere con el que finaliza el Jueves Santo zamorano, son también una forma de recordar a los que yacen enterrados en las cunetas de la tierra y de la historia. Esa historia que quieren que olvidemos a favor de una “concordia” que sólo es posible cuando haya verdad, justicia y reparación. Nunca revancha.

Revancha es llegar al gobierno anulando la memoria histórica que en la Diputación zamorana ni siquiera se ha hecho efectiva tras cuatro años de aprobar su cumplimiento, y la ley de violencia de género contra las mujeres que todavía son asesinadas por quienes creen que son su propiedad.

Esas mujeres y hombres que salen a las calles acompañando a la Esperanza por la mañana; que ponen de rojo corazón a la luz del día y de la tarde una franja morada en la bandera y en la túnica, y que por la noche reivindican un entierro digno para los que yacen en las cunetas o en las fosas comunes del olvido.

Zamora es un ejemplo vivo de convivencia, como lo demuestra la celebración del Jueves Santo religioso, rojo y republicano.

No debemos olvidarlo. No lo haremos.

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