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Amador Pérez

La Gaya

Amador Pérez

Vencer o no perder

Desde la guerra de Vietnam, la disimetría entre el poder del atacante y la del atacado es aplastante

La lección que ha dado al mundo el Presidente ruso, Putin, durante lo que ha transcurrido del siglo XIX, lo definió en 1960 la filósofa, historiadora, politóloga y profesora universitaria alemana, posteriormente nacionalizada en EE.UU. de Norteamérica, Hannanh Arendt, tras las declaraciones en el juicio en Israel del dirigente nazi Eichmann, como la “banalidad del mal”.

En su libro “Los orígenes del totalitarismo” nos hace reflexionar sobre los mecanismos ocultos en la mente de algunas personas mediante los cuales todos los elementos tradicionales de nuestro mundo político se transmiten a una sociedad donde todo parece haber perdido su valor espiritual. La idea de que el mal no se puede erradicar porque es inherente a la condición humana, parece estar vigente en nuestra sociedad de una forma tan patente como en cualquier otro tiempo pasado.

El agente catalizador del nazismo, al principio insignificante, fue el antisemitismo y en un lapso de tiempo muy escaso, apenas 20 años, desencadenó la II Guerra Mundial. La grotesca disparidad entre la causa y el efecto, además de los millones de muertos, cámaras de gas, fusilamientos en los bosques y seres desplazados, fueron las causas que determinaron la aparición de un imperialismo que había germinado muchos siglos antes en la Rusia de los Zares. Independientemente de que sea, para nosotros, incomprensible. Desde la sociología es realmente fácil llegar a esa conclusión. Solo es necesario la transformación de las clases en masas y ejercer el control mediante la utilización de la propaganda, incluido con el terror, como sistema de gobierno.

Uno de los teóricos sobre conceptos de la guerra y la paz, que leo con frecuencia, es el politólogo francés, Raymond Aron, aunque por haber estado en la nómina de los colaboradores del “macartismo” sus publicaciones hay que leerlas desde el punto de vista de un “converso”. El título de este artículo es el mismo de un capítulo de su libro “Paz y guerra entre las naciones”. Son interesantes los ejemplos que expone en este capítulo sobre el poder espiritual de las democracias cuando sus ciudadanos perciben que sus modos de vida en libertad, son amenazadas.

Sin embargo, desde la guerra de Vietnam, la disimetría entre el poder del atacante y la del atacado es aplastante y tiene un sentido profundo y un gran significado. Se calcula que los estadounidenses lanzaron sobre Vietnam más de 2.500.000 bombas, después del primer fracaso en las conversaciones de Paz de París, en la Operación Leneabacker hicieron 41.000 incursiones aéreas y lanzaron 155.548 toneladas de bombas, la mayoría de las llamadas bombas inteligentes, pese a todo el infierno de destrucción y el fuego con gases defoliantes para que el adversario vietnamita se convenciera de la imposibilidad de vencer, resultó todo lo contrario. Todos los hombres involucrados en la contienda fueron puestos al límite de la resistencia moral y los únicos que la perdieron fueron los invasores.

Para comprender el resultado de una guerra, es preciso recordar, que la asimetría de los medios militares en favor del invasor, no siempre son valorados adecuadamente por éste, debido al binomio nacionalismo-independencia por el que luchan.

Los vietnamitas llegaron a la guerra contra EE.UU. exhaustos de una guerra de descolonización contra los franceses pero fueron capaces de oponer una resistencia tan feroz que terminaron minando la resistencia de la potencia militar más grande del mundo y los obligaron a reconocer la imposibilidad de vencerlos. Un resultado totalmente opuesto a lo que se habían propuesto con su conducta de destrucción hasta los cimientos de la jungla.

Por los datos que tenemos de las noticias de los medios de comunicación, es muy arriesgado formular una hipótesis del plan del Presidente Putin cuando ordenó la invasión de Ucrania. Por lo que vamos comprobando, es que su plan consistía en obtener una ventaja inicial tan amplia que obligaría a los ucranianos a firmar una paz de compromiso, mientras, iría imponiendo sus condiciones hasta que el adversario reconociera la aplastante superioridad del invasor.

Pero a menudo el corazón de las masas resulta un arma tan poderosa que destruye los cálculos de los estrategas invasores. Hoy día nadie duda de que los ucranianos tienen el derecho moral de gobernarse como ciudadanos de una nación libre y que necesitan una Patria y un Estado propio para conseguirlo. La guerra que estamos librando los europeos en Ucrania no es una contienda con vistas al éxito militar sino una guerra con vistas a evitar la extensión del conflicto. A sí es que, el fin último, de la estrategia europea es en cierto modo, diferente al de los ucranianos que luchan por su independencia. Lo que resulta menos claro es el motivo por el que luchan los rusos, no su Presidente,

A veces la dialéctica de la geoestrategia hace extraños compañeros metidos en la misma cama.

No creo que Putin, por ahora, necesite utilizar la dialéctica de la victoria o de la no-derrota que, va a ser el resultado final de esta guerra, tampoco estamos viendo a los mariscales rusos entrando victoriosos de la ciudad de Kiev y no creemos que el Gobierno de Putin esté a punto de caer por verse obligado a aceptar una paz dictada por los europeos.

El pasado año hice un curso de geoestrategia en la escuela ESADE que dirige el exsecretario general de la OTAN, Javier Solana. Todas las lecciones las iniciaba con un audio en el que hacía una exposición general de la materia, que después desarrollaban los especialistas. El tema de la frontera Ucrania-Rusia, la relación de fuerzas, la unión aduanera, liderada por Moscú, que incluye muchos países del antiguo bloque soviético, el Acta de Helsinki de 1975 (vulnerado por Rusia en varias ocasiones) y el Memorándum de Budapest de 1995, fueron temas muy tratados durante el curso. En estos días, he repasado estas lecciones, y no me sorprende que el Ejército ucraniano esté tan bien entrenado y armado, lo que me sorprende es la escasa información que había adquirido la inteligencia rusa y los estrategas rusos hayan hecho unos cálculos tan deficientes.

(Amador Pérez es capitán de la Guardia Civil retirado)

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