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Amador Pérez

Pensé en el don de la libertad

Los hombres libres tenemos la obligación imperiosa de ayudar a los pueblos invadidos en su lucha por el largo camino hacia la igualdad

Un yate de un oligarca ruso inmovilizado en el puerto de Barcelona

Según una idea, bastante difundida y nunca expresada claramente, la cultura de la violencia tiene en Rusia raíces profundas. Tengo la impresión de que se trata más de un prejuicio ideológico surgido de la revolución roja de 1917, que degeneró en luchas por el poder más que por causas políticas.

La autocracia militar proveniente de la nobleza zarista que había gobernado en Rusia desde Iván el Terrible hasta 1917 controlaba a la masa de la población de forma brutal, su misión consistía en mantener el orden en el país y hacer la guerra en el exterior. A lo largo del siglo XVIII, derrotaron a los suecos, los polacos y a los turcos. En el interior masacraron a las hordas de campesinos cosacos organizados por Pugachev en las llanuras entre los ríos Volga y Don.

Vladimir Putin, nació unos años después (7-10-1952) que las potencias europeas, que habían puesto fin a la horrible II Guerra Mundial, decidieron que la parte oriental del continente europeo y sus habitantes eran, sobre todo, el botín de una disputa por el territorio, por sus abundantes recursos naturales y por una gran masa de población utilizada como mano de obra barata desde los tiempos de los Zares.

Mientras se instalaban las tuberías de conducción del gas y petróleo ruso hacia la Europa occidental nuestro reproche a la dictadura instalada en Rusia consistía en admirar los yates de los nuevos ricos varados en Mallorca

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No sé hacer otra cosa que lamentarlo, pero esa visión del mundo, ha defendido durante 80 años que ciertas naciones y grupos étnicos eran superiores al resto. A sí que cuándo nos televisaron el directo el derribo del Muro de Berlín nos sentimos aliviados ¡Hemos ganado! La libertad proclamada en el mundo Occidental ha liberado a las naciones europeas del comunismo opresor. Bien, ahora apoyemos con entusiasmo las revoluciones árabes. Pero el saldo no es altamente positivo.

Nos olvidamos que hay otras formas de gobernar basadas en la ley del más fuerte y cimentada en la idea de que la riqueza se consigue por medio de la violencia y la coacción, y que solo a unos pocos les está permitido ese modo de conseguirla. Mientras se instalaban las tuberías de conducción del gas y petróleo ruso hacia la Europa occidental nuestro reproche a la dictadura instalada en Rusia consistía en admirar los yates de los nuevos ricos varados en Mallorca.

El privilegio y el estatus social económico instalados en Rusia por los zares fue combatido por los decembristas en los tiempos de Alejandro I y abordados con gran pasión por Tolstoy y Dostoievsky con un potencial único en la literatura universal. Alejandro II fue asesinado en 1881 y surgió un movimiento heterogéneo formado por grupos populistas, marxistas, liberales y neokantianos que siguieron siendo tan ideológicos y tan radicalmente fascistas como sus predecesores. Lenin llamaba a los pequeños comerciantes y a los funcionarios del Gobierno “burgueses capitalistas” y a la nobleza “aristocracia feudal”, pero entre ideólogos revolucionarios hay representantes cualificados de todos los grupos sociales. Herzen y Bakunin eran descendientes de la nobleza; Chernyshevsky y Dobroliubov provenían del clero; Zheliabov, Tkahev, el mismo Lenin, Trotsky, Martov y Chernov solo les unía la ideología. Putin no es una excepción, es hijo de un antiguo oficial de la marina de guerra rusa y aunque ha estado en contacto con los sistemas democráticos de occidente, su misión en el KGB consistía en combatirla cuando ya había desaparecido el comunismo y se había transformado en un sistema autocrático, menos cruel que el estalinismo pero igual de autoritario.

En Rusia, los únicos que no han sido nunca derrotados, desde Cirilo y Metodio, son los popes de la Iglesia ortodoxa

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En una publicación que he consultado sobre los intelectuales políticos rusos llama la atención que en el siglo XIX el 90% de la población rusa eran analfabetos, en la década de 1870 en una población de 75 millones de habitantes, solamente había 5.000 estudiantes universitarios. “Las escuelas estaban sometidas a la continua persecución del Gobierno, continuamente había revueltas y personajes tan destacados en la cultura y en la política rusa como Belinsky, Herzen, Lenin, Trotsky y Stalin fueron expulsados y arrestados. Y luego expulsados de Rusia”. El retorno del exilio y el triunfo de la revolución, ni mejoró la vida de los ciudadanos, ni modificó los modos autocráticos de la clase dirigente.

Cuándo pienso en el preciado don de la libertad me parece que los hombres libres tenemos una obligación imperiosa, ayudar a los pueblos invadidos en su lucha por el largo camino hacia la libertad, la justicia y la igualdad de oportunidades.

En Rusia, los únicos que no han sido nunca derrotados, desde Cirilo y Metodio, son los popes de la Iglesia ortodoxa.

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