Once millones de españoles sufren exclusión social. El titular es devastador. Lo certifica Cáritas y eso es garantía de certeza absoluta. El coronavirus ha dejado a 2,5 millones de españoles más en la cuneta de la exclusión en apenas un par de años. Dos millones y medio de personas que se encuentran atrapados en ese pozo sin fondo de la pobreza donde malviven tantos. Cáritas, con la meticulosidad y pulcritud que acredita ha radiografiado como la precariedad del empleo, la vivienda, la sanidad, la educación, la brecha digital, están enquistando y acrecentando la desigualdad por género, edad y origen.

Me apetece recordar una y mil veces que Cáritas es un organismo de la Iglesia Católica, lo digo más que nada por aquellos que la critican, considerando a la Iglesia poco menos que un estorbo. Es conveniente recordar que Cáritas llega donde no llega la Administración y que su ya famoso informe Foessa, algo así como una auditoria de la situación en España, se realiza con un margen de error mínimo, sin concesiones a otra cosa que no sea la verdad, la pura realidad.

Los más vulnerables son los más castigados por la pandemia. La pobreza severa ha dado un salto del 9,5% al 11,2%. En lugar de remitir y a pesar de los cantos de sirena que escuchamos por doquier, la pobreza va ganando terreno en una España que no fortalece su sistema público de Servicios Sociales. Y eso reza también para las autonomías. Menos palabras y más hechos. Es terrible conocer que en dos millones de núcleos familiares no hay un solo empleo ni se le espera y que España contabiliza 800.000 parados de larga duración. El paro de la desesperación. Cuando se inicia la ‘larga duración’ es ya imparable. Tiene que ser horrible comprobar que la situación, las circunstancias no te permiten volver a entrar en el circuito laboral.

No me gusta ser pesimista pero la realidad, siempre tozuda, se impone y manda. Es como si una parte de la población fuera literalmente expulsada del núcleo de afortunados que cuentan con un trabajo digno, esa es otra, que les permite vivir sin agobios. De estas cosas que los gobiernos no ven, sólo habla Cáritas. Esta organización eclesial no se anda con rodeos. Me preocupan también los jóvenes, en los que el informe ha puesto también su interés ya que, entre 16 y 34 años hay 2,7 millones de afectados por procesos de exclusión social.

El Estado de Bienestar está en entredicho. Gracias a Cáritas Española, solo en 2020, en plena explosión pandémica salió al rescate de 1,5 millones de personas, un 26% más que el año anterior.