Tengo en el recuerdo una vivencia, que por su sorpresa y sentimiento de desprecio social, la sigo evocando. Corría la década de los setenta, recientemente me habían hecho un regalo, que además de su valor material por lo hermoso y artístico, como una obra de arte, obviamente tenía un valor afectivo profundo, se trataba de un molinillo de café, adornado por colores y formas singulares, de una marca reconocida a nivel mundial. Un día, habiendo transcurrido poco más de un año en mi posesión, dejo de funcionar sorprendentemente, como era normal en aquel tiempo, me dirigí a la casa oficial situada en Santander, solicitando su reparación, en la esperanza de arreglarlo y seguir con aquella joya. Llego a la casa oficial, me recibe un operario de muy pocas palabras, mira al molinillo, pasa a un cuarto contiguo al de la recepción, y pasados no muchos minutos, sale y me comenta que no tiene arreglo, que tengo que comprar uno nuevo porque me sale más barato, y que además este modelo ya no existe, tenía dos años aproximadamente.

Hoy he tenido ocasión de revivir aquel acontecimiento, un móvil de marca de primera calidad, que funciona perfectamente, sin saber porque, se presenta cierta anomalía, me dirijo como es obvio a la casa oficial, se acerca un trabajador, le explico la citada anomalía, y me toma el móvil, le da vueltas y más vueltas, y sin transcurrir cinco minutos me comenta que no puede hacer nada, se trata de una avería rara, y me recomienda comprar uno nuevo, además me informa que el modelo que le presento, de cinco años de vida activa, ya no se hace, pero me propone uno igual o parecido, que además presenta las mismas prestaciones, y me saldrá quizás más barato, porque la anomalía del que he llevado, es rara, y quizás no tenga solución.

La obsolescencia programada, sé que es un proceso que conecta, la posibilidad de construir de forma paralela a la de consumir, es decir, que tememos que consumir como ciudadanos, eso permite empleo, y de forma especial dinero circulante, no importa el trabajo técnico de reparación, ni el artesanal o trabajo de siempre, histórico, hacienda en este caso es vital referente, dispersa las fuentes de ingreso, empresarial, trabajador y consumidor.

Se ha impuesto lenta y sutilmente, la cultura del consumo, a todos nos han transmitido la necesidad de consumir, el panel de la oferta es inmenso, casi inacabable, y además te lo exponen en tu hogar, mediante las diferentes redes sociales, de tal forma que, solo cuesta un clic la adquisición de cualquier cosa, es decir, no cuesta casi nada, la comodidad, junto a la diversidad lo facilita, circunstancia que ha provocado que en el confinamiento, las apuestas y las compras se incrementaran en más de un 40%.

Se ha impuesto lenta y sutilmente, la cultura del consumo, a todos nos han transmitido la necesidad de consumir, el panel de la oferta es inmenso, casi inacabable

Esto nos tiene que hacer pensar sobre la dirección en la que vamos, en cuál es nuestro sentido y nuestra meta, en estos momentos impresiona que es, la inundación por residuos, de cielo, mar y tierra, o el agotamiento de las diferentes materias primas, o la circulación de la mayor cantidad de dinero, o el endeudamiento familiar, porque la satisfacción de un deseo engendra una nueva insatisfacción, que al satisfacerla nos instala en una insatisfacción permanente, no consiguiendo la serenidad, el sosiego o la paz que buscamos, debemos pues educarnos, no en los que deseamos, sino en lo que necesitamos para el ejercicio de una vida saludable.

A esto hay que sumar, la iniciativa nacida de la UE en la que por 395 votos, contra 207, se ha emitido una resolución, por la que caminamos hacia un mercado único, más sostenible para las empresas y los consumidores, protegiendo entre otras cosas, la reparación de aquellos dispositivos que afecten de forma especial a la tecnología del consumo. La resolución, que defiende un mercado único y sostenible, otorga a los consumidores el derecho a reparar, a la vez que exige un etiquetado en los diferentes productos y servicios, de acuerdo a su durabilidad.

Cada día, la ventana de la televisión nos muestra un rosario de hechos, en los que se observa la destrucción de los diferentes ecosistemas, torrenteras que destruyen pueblos enteros, huracanes que arrasan espacios enormes de tierra, sembrados o cosechas destruidas por la lluvia, el viento o el fuego, la desaparición de espacios verdes o naturales, la invasión por el mar de parte de algún espacio costero, la desaparición de alguna especie de ave, o el envenenamiento de algún grupo de peces. Todo esto está ocurriendo, todo forma parte de nuestras vidas, parémoslo.

(*) Médico psiquiatra