El campo sufre, se siente desprotegido, está hasta la coronilla, y ha dicho aquello de:“Hasta aquí llegamos y de aquí no pasamos”. Les asiste la razón. No pueden más. Están al límite. Sienten que el Gobierno pasa de ellos, que el Gobierno no da respuesta a sus reivindicaciones y han decidido pasar a la acción. Históricamente, al campo se le ha hecho caso omiso. Se le ha tratado despectivamente. Los gobiernos no han querido darse cuenta de la importancia que para todos tiene. Porque su supervivencia es la nuestra.

Las tres principales organizaciones agrarias se unirán a los transportistas en diciembre ante los problemas que atraviesa el campo y anuncian movilizaciones en plena campaña navideña contra el Ejecutivo por la subida “inasumible” de los costes. Ni puede mirar para otro lado, ni hacerse el longuis, ni ponerse de perfil. El Gobierno debe enfrentar y afrontar la realidad y ponerse manos a la obra. Y dialogar. Y gestionar unas políticas que no empobrezcan al campo más de lo que está.

Transportistas, agricultores y ganaderos se unen para felicitarnos las Pascuas, con especial dedicatoria a los ínclitos miembros del Gobierno. Las protestas se celebrarán en distintos puntos del territorio nacional y, por supuesto, no se descarta una gran manifestación en Madrid. Mientras UGT y CC OO a nivel nacional, callan, las pequeñas organizaciones, se rebelan y mediante un “coup de force” cantarán villancicos al Gobierno y de paso a todos los españoles.

Las reivindicaciones de los agricultores me parecen necesarias, quieren precios justos y todo lo que hay en derredor no puede ser más injusto e incluso más desproporcionado. Además del mal tiempo meteorológico que se anuncia para finales de diciembre y que a Zamora la pilla de lleno, el calendario de protestas del campo no dejará a nadie indiferente. El aumento de los costes de producción y la falta de rentabilidad agraria son detonantes del malestar que sufre el campo. El campo somos todos. Sólo que no todos quieren verlo así.

No entiendo por qué Luis Planas, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, no convoca de inmediato una reunión urgente para escuchar primero y actuar en consecuencia después, acabando con el malestar del sector y dando al traste con unas movilizaciones que a nadie benefician y a todos perjudican. No puede ser que al cabo, no ya de los años, sino de las décadas y de los gobiernos, el campo siga sufriendo la indiferencia del poder. Y que el poder no rectifique.

Es necesaria, ya, la puesta en marcha de un plan que salve al sector primario, amén de medidas fiscales, económicas y políticas que protejan la producción de alimentos