Vivimos inmersos en un sistema cruel y estúpido. Por otro lado la inacción hoy de millones de personas y la no lucha ha dejado carta libre a un sistema que tanto en sus procedimientos como en su dirección es altamente destructivo y muy peligroso.

Cuando decimos “estamos en manos de los que mandan” es porque nosotros le estamos otorgando ese beneplácito. Y entrando entonces al tema del artículo de hoy algunos saben del poder manipulativo de la imagen o las imágenes. La televisión hoy día es el arma que tiene el sistema para entrar en nuestras casas.

Se infiltra descaradamente, toca nuestros contenidos, nos envía mensajes subliminales por la mañana , al mediodía por la tarde y finalmente a la hora de cenar. No duerme , no descansa, pues no permite que la gente pueda en algún momento espabilar.

Se mete en nuestras conversaciones es decir ¿cuáles son nuestros temas de plática con los amigos o familiares? Pues los temas de la televisión. Ella o los dispositivos móviles que actúan de la misma forma sientan la “cátedra” del día , del mes o del año por así decirlo.

Al sistema le interesa la violencia , se alimenta de ella , del armamento, de los conflictos entre países y también de las peleas entre nosotros y divisiones así como se permite también manipular los deseos y sentimientos de nuestros hijos a través de series televisivas.

El individualismo es su bandera y no las banderas de países como nos quieren hacer creer ya que no hay entre las personas de momento una unión real.

¿Es posible cambiar todo esto que parece tan grande , tan fuerte y tan terrorífico cuando nos damos un minuto para pensar?

Los cambios que anhelamos no van a venir por imposiciones o normas sino cuando la persona tome conciencia de que es necesario tejer un tejido social que está destruido por otros. Cuando finalmente se abandonen prejuicios y diferencias entre las personas y humildemente cada uno se ponga a la tarea de reconstrucción comenzando por lo más cercano, la familia , continuando con el barrio, zonas de trabajo y así siguiendo. Ese podrá ser el comienzo de algo nuevo.

Jesús Antonio Fernández Olmedo