¡Que viene el lobo! Es la primera alerta zamorana del otoño y ha sido publicada en el BOE del día 21 de septiembre, tras finalizar el tierno verano de protestas y amenazas en nuestros pueblos. La inclusión del lobo en el listado de especies silvestres de protección especial por parte del Ministerio para la Transición Ecológica, que impide su caza al norte del Duero, ha sido la última voz de alarma entre los habitantes de la zona rural, ¡que viene el lobo!, que temen que el animal acabe con su forma de ganarse la vida, basada en gran parte en la ganadería extensiva.

¡Que me come las ovejas! Aunque la dudosa respetabilidad de la Unión Europea en el campo español, la respetable Ministra Ribera (con “b”, que los sayagueses somos con “v”), y las respetadas comunidad científica y asociaciones ecologistas, justifican la protección especial del lobo porque es una especie en extinción, en Zamora ha supuesto un mazazo para todos los ganaderos que han sufrido lobadas que han matado sus ovejas, que nos dicen que así no pueden seguir. Y que merecen todo nuestro respeto.

¡Que en Zamora hay muchos lobos! Porque puede que esté pasando con la especie del lobo lo que pasa con las falsas estadísticas para tontos, esas que dicen que si tú comes dos pollos y yo ninguno, hemos comido un pollo cada uno. Y que en el caso de algunas zonas haya un exceso de lobos respecto a otras que no tienen ninguno, de la misma manera que en Zamora siempre acabamos con hambre cuando se trata de repartir las cosas de comer del chiste estadístico, ya sean pollos, pensiones, sueldos o Producto Interior Bruto. Salvo en lobos, en lo demás estamos por debajo de la media.

¡Que viene la despoblación! Aquí sí que estamos por encima de la media. Dicen las organizaciones agrarias que la protección del lobo va a dar la puntilla al medio rural zamorano porque amenaza la actividad ganadera de los que viven en el campo, y que esta vez es de verdad y se va a comer todas las ovejas. Lo cierto es que la despoblación empezó mucho antes por algunos lobos con piel de cordero como los que sacrificaron al campo zamorano en la famosa PAC para entrar en Europa, y que en lugar de apoyar a los agricultores a título principal antes y genuinos ahora, se dedicó a pagar a los terratenientes de antes y de ahora por ser propietarios de campos sin cultivar. Esos lobos sí que se comieron el presupuesto de la PAC.

Un lobo LOZ

¡Que viene el desarrollo! Como a las pequeñas y medianas explotaciones ganaderas se las están comiendo las macrogranjas, que además contaminan el agua y la tierra y perjudican a la vida y a la agricultura. De esta manera nos echan de los pueblos que, a medida que se vacían, son ocupados por macrohuertos solares o gigantes de viento. La misma lógica de la PAC que en el aullido de los lobos con piel de cordero se llama progreso y desarrollo para la zona rural, y en la voz de los habitantes autóctonos y genuinos es amenaza de su forma de vida: ¡Que vienen las macrogranjas! ¡Que vienen los parques solares en los comunales! ¡Que los molinos son gigantes! ¡Que nos echan de nuestra tierra!

¡Que vienen los urbanitas! Siguen alertando contra la protección del lobo en los pueblos de Zamora, considerando a los ecologistas como “ecolojetas” y al turismo en torno a la conservación de la especie como actividad de urbanitas de fin de semana. Nada que ver, supongo, con esos cazadores que pujan por las mejores piezas de lobos y otras especies, que utilizan la tierra como coto de caza y que son tan urbanitas de fin de semana con escopeta como los avistadores de fin de semana con prismáticos.

¡Que acaban con la caza! Esta llamada no se ha oído apenas cuando es la que subyace en la protesta contra la conservación del lobo, que en el fondo es contra la prohibición de cazarlo. Porque prefieren disfrazarse de lobo con piel de cordero y literalmente incidir en los corderos muertos en una lobada de un ganadero, en lugar de mostrar a los cazadores abatiendo piezas de lobos conservados para ser trofeo de caza, en un remake de la berlanguiana escopeta nacional.

¡Que viene el capitalismo! Al final y como “homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre), ante la alarma de ¡que viene el lobo! en Zamora y en toda España las posturas ante la prohibición de cazarlo o inclusión en el Lespre, no deja de ser un enfrentamiento en función de intereses: entre comunidades autónomas con muchos lobos y las que no tienen apenas; entre ecologistas y cazadores; entre conservacionistas y ganaderos; entre quienes viven del turismo de avistamiento de especies y el de caza; entre pueblos y dentro de cada pueblo; entre partidos políticos y dentro de cada partido.

En Zamora y en toda España las posturas ante la prohibición de cazarlo o inclusión en el Lespre, no deja de ser un enfrentamiento en función de intereses

Como han dicho en las jornadas de Villardeciervos en el curso de Gestión y Conservación del Lobo, cualquier medida sin consenso está abocada al fracaso: siempre ha habido furtivos que se han saltado las normas, y a veces con razón cuando la caza se convierte en un negocio para ricos y no para los del pueblo. De la misma manera que si la instalación de granjas de menor tamaño que las macro o de energías verdes revirtiera en la población, serían bienvenidas.

¡Que vienen las compensaciones! Por ello y con respeto, Sra. Ribera con “b”, haga las cuentas de los Rivera con “v” de la comarca sayaguesa, que es de las que sufre más ataques del lobo, y compense las pérdidas de ganado con medidas de apoyo: primero para evitar el disgusto y la pena de ver el trabajo del ganadero destruido, y segundo pagando las pérdidas con rapidez cuando se produzca algún ataque, que debería ser excepcional y no habitual.

Porque en Zamora ya estamos hartos de pastores mentirosos que gritan ¡qué viene el lobo!, cuando las políticas económicas hace tiempo que se están llevando a nuestra gente a vivir fuera en lobadas como la de 24.000 habitantes en diez años de la que nos alertaba este diario. Y no precisamente por culpa de la población de lobos, que se han podido cazar durante todo este tiempo.

Y que además no han podido acabar con la caperucita roja que sigue por estos bosques desenmascarando su disfraz: ¡Que boca más grande tienes! ¡Es para comerte mejor!