Ricardo Reyes Basoalto fue aquel poeta que escribió aquello de “Es tan corto el amor y tan largo el olvido”. Llegó a ser Premio Nobel de Literatura, cuando ya era conocido como Pablo Neruda, el seudónimo que utilizó durante gran parte de su vida. Poeta de gran sensibilidad, utilizó las metáforas con gran primor.

Cuando murió, en su país natal, Chile, su casa resultó canibalizada por la dictadura del general Pinochet. Quizás tuviera antes un presagio, dada la suerte que corrió la “casa de las flores”, en pleno barrio de Argüelles, en la que vivió en Madrid en 1934 que resultó destruida, en gran parte, durante la Guerra Civil Española. El hecho de ser un preclaro comunista hizo que algunos no llegaran a perdonárselo nunca. Trabó una gran amistad con Lorca, durante los cuatro años que pasó en España. De ahí que fuera para él una enorme conmoción el hecho de que el poeta granadino fuese fusilado por el llamado “bando nacional”. No es de extrañar que también fuera autor de aquello que decía “El fuero para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan”. Es lo que tienen los poetas, que saben elegir las palabras y darles forma para que sean percibidas mejor, aunque se trate de decir lo mismo.

No es que hayan cambiado mucho las cosas desde entonces, porque el amor sigue siendo algo que prevalece por encima de cualquier otro sentimiento. Con respecto a lo que se refiere al poder, es fácil comprobar que quienes han mandado, y mandan, suelen ponerse la venda para no ver las tropelías de los poderosos, aunque no les impida ver con nitidez las de los oprimidos. Así que, en el fondo, gran parte de lo que decía Neruda no deja de ser algo tan cotidiano como el pan nuestro de cada día.

El resultado de la mezcla amor- ideas políticas no parece miscible, puesto que cada cosa va por su lado. Porque el amor todo lo cambia, y la política, en el fondo, está por ver que es lo que ha cambiado. De hecho, nadie pregunta si Ovidio, autor de “El arte de amar”, era de derechas o de izquierdas, si es que en su época hubiera habido derechas e izquierdas tal y como las concebimos ahora. Lo que realmente importa es lo que decía sobre el amor, que lo hubiera llegado a firmar cualquiera.

El economista y filósofo Karl Marx, autor de “El Capital” y “El manifiesto del Partido Comunista” (Junto con Engels) estaba tan enamorado de su esposa Jenny von Westphalen, que sorprendió con aquella carta que le llegó a escribir, en un momento en el que no estaban juntos, en la que venía a decir: “Así es mi amor. Al punto que nos separa el espacio, me convenzo de que el tiempo le sirve a mi amor tan solo para lo que el sol y la lluvia le sirven a la planta: para que crezca” De manera que, si u personaje así se ablandaba ante el amor, ¿qué se va a esperar del resto de los mortales?

Si observáramos a vuela pluma los versos que escribieron la mayoría de los poetas veríamos como Borges, de ideas próximas al anarquismo (ya que era individualista y no creía ni en el Estado, ni en los políticos) posicionado en contra del comunismo y del fascismo, no se quedó corto en sus referencias al amor “el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo”.

El falangista Luis Rosales, amigo entrañable de Lorca, nunca dejó de ser sensible: “¡Hay corazón donde me pisas tanto! / Que soledad sin ti, cierva de llanto! / Que soledad de luz buscando el día”

El surrealista Vicente Aleixandre, Premio Nobel de literatura, republicano conciliador, nos dejó aquello de: “Yo sé quien ama y vive, quien muere, gira y vuela / se que lunas se extinguen, renacen, viven, lloran / se que dos cuerpos aman, dos almas se confunden”

Dionisio Ridruejo, falangista, que defendió a Bergamín ante Franco: “Tu soledad de nieve reclinada, / virginal, y sencilla en mi memoria / como agua fiel de fatigada noria / viene a regar mi voz enamorada”

Luis Cernuda, quien tenía como referencia a Garcilaso de la Vega “Tu justificas mi existencia: / si no te conozco no he vivido; / si muero sin conocerte, no muero porque no he vivido”

Miguel Hernández, joven idealista de medios precarios, comunista convencido: “Tristes hombres / si no mueren de amores / Tristes, tristes”

José Bergamín, comunista radical que presidió la “Alianza de intelectuales antifascistas”: “Estoy pensando en ti cuando no pienso / que estoy pensando en ti, cuando quisiera / no tener que pensar para sentirme / de tu lejano corazón más cerca”

Y el poeta de poetas Federico García Lorca: “Ni la noche ni el día quieren venir / para que por ti muera / y tú mueras por mí”.

Pues eso, que elegir entre lo que dice un poeta cuando habla de amor, y lo que dice un político, cuando habla de cualquier cosa, es fácil con que quedarse; incluso cuando el poeta haya ejercido o ejerza como político.