Además de aviones y aves, por el aire también van y vienen los virus. La cosa no es como para tomársela a broma. Los resultados de un nuevo estudio dirigido por la Escuela de Salud Pública e la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, ponen de manifiesto que los infectados con el virus que causa el Covid exhalan virus infecciosos en su aliento y que las personas infectadas con la variante Alfa (la cepa dominante que circulaba en el momento en que se llevó a cabo este estudio) ponen entre 43 y 100 veces más virus en el aire que las personas infectadas con las cepas originales del susodicho.

Estamos a su merced. Esto es la guerra. La guerra con esta especie de ‘alienígena’, originario de vaya usted a saber dónde, que nos quiere abducir a toda costa y que parece encontrarse cómodo como habitante indeseado de nuestro organismo. Todo son alegrías por lo que se ve y se sabe. El aire, convertido ahora en un peligro en vista de que el virus sigue evolucionando para convertirse en “aerotransportado”. La guerra, que le decía. Utiliza todo lo que tienen a su alcance, para preocuparnos y en algunos casos hacernos la vida imposible.

Los investigadores estadounidenses han descubierto también que las telas holgadas y las mascarillas quirúrgicas reducían la cantidad de virus que entraban en el aire a través de las personas infectadas en aproximadamente la mitad. Nada de apreturas con la indumentaria nuestra de cada día, y la mascarilla al mismo nivel que las gafas graduadas, el teléfono del trabajo y el pan nuestro de cada día. Una necesidad diaria, para así tratar de poner barreras al bicho.

Los expertos confirman que la variante Delta que circula ahora es aún más contagiosa que la variante Alfa. Como la cosa siga así, mucho me temo que las distintas variantes acabaran con el alfabeto griego. Van por la Delta y hasta la Omega, quedan unas cuantas. Las distintas variantes se encuentran cómodas por el aire, por lo que quienes de esto lo saben casi todo, nos avisan de que debemos proporcionar una mejor ventilación y usar mascarillas ajustadas, además de la pertinente vacunación, para ayudar a detener la propagación del virus. Vino para quedarse y no tiene intención alguna de poner pies en polvorosa.

Gracias a este estudio sabemos que el coronavirus puede estar en el aliento exhalado y que el uso de mascarilla reduce la posibilidad de que lo respiren otros. Tengo para mí que se normalizarán muchos aspectos de nuestra vida pero que la mascarilla permanecerá de por vida en nosotros y con nosotros.