La gestión de la sanidad en una comunidad como Castilla y León, cuyas características de envejecimiento, dispersión y extensión territorial son ya de sobra conocidas, era y es la patata caliente para la Administración autonómica gobierne quien gobierne. Nada nuevo que no supiéramos. Pero la diferencia en muchos años de autonomía es la configuración actual del Ejecutivo en coalición. De un lado, el PP, con el presidente de la Junta a la cabeza y, de otro, Ciudadanos, en cuya bancada recae el peso de la sanidad. Hasta aquí, tampoco nada extraño. O eso parecía. Porque las diferencias públicas entre ambos socios de gobierno, aireadas este lunes en sede parlamentaria, ponen de manifiesto que la patata se ha dejado en exceso en un fuego que, además, atiza el PSOE un día sí y otro también.

La sanidad, que debería ser una cuestión de Comunidad, forma parte de esa inveterada disputa política en la que los grandes perdedores son siempre los mismos: los castellanos y leoneses

Estamos, por tanto, ante los ingredientes idóneos para la tormenta perfecta que, lejos de amainar, va a ir a más, en la misma proporción que aumenta la brecha entre la tasa de reposición del personal sanitario y la realidad de un medio rural casi inabarcable en términos asistenciales. Una circunstancia sobre la que ha llamado la atención Ciudadanos y, sinceramente, con argumentos contrastables, revelando esa tensión en el seno de la coalición. Porque reabrir todos los consultorios, como ha anunciado el PP cuando el escenario pandémico se diluya, suena a un querer y no poder, salvo que se dupliquen los recursos.

Así las cosas, la sanidad, que debería ser una cuestión de Comunidad, forma parte de esa inveterada disputa política en la que los grandes perdedores son siempre los mismos: los castellanos y leoneses. Esa atávica falta de voluntad política es la rémora que arrastra la Comunidad y que, mientras no haya un claro giro de rumbo, la que continuará por años, con los agravantes de mayor dispersión y envejecimiento de la población. Cierto es también que las pruebas piloto de reordenación del mapa sanitario no han sido ni entendidas ni explicadas suficientemente, pero también lo es que la solución exige una política valiente cuyos actores no hagan como el avestruz cada vez que vienen mal dadas Y tengan por seguro que vendrán.