Reconozco que el nombre de visitante inclina a pensar en extraterrestres de paso por la tierra, no me refiero a ningún alienígena, me refiero a las personas que se trasladan de su lugar de origen a otra determinada zona, pongamos por caso que se dirigen a Sanabria.

La palabra “visitante” puede englobar a diferentes tipos; turistas que pernoctan una o varias noches, viajeros pasan y se detienen pernocten o no, excursionistas los cuales vienen un solo día y regresan a su casa, migrantes que aquí prácticamente no tenemos, emigrantes (los sanabreses sabemos mucho de emigración), y finalmente están los retornados; aquellos que volvemos definitiva o temporalmente a nuestro pueblo o al de nuestros padres.

Los motivos por los que una persona viaja a un destino son tan diversos que resulta demasiado largo incluso para hacer un pequeño resumen; playa, montaña, gastronomía, cultura, ecoturismo, deporte, caza, pesca, setas …. Uno de los más raros es el que podríamos llamar el turista o viajero de entierros, en Castilla hay algún ejemplo conocido por todos; la reina Juana peregrinó con su fallecido esposo Felipe el Hermoso desde Burgos hasta Hornillos, después a Tordesillas, y finalmente Calos I se lo llevo hasta Granada, su corazón no hizo este viaje ya que fue enviado desde el principio a Flandes.

A las reinas de Castilla les iba este tipo de turismo, bien para llevar el marido muerto de viaje o para ir ellas mismas de “muertas en el entierro”; Leonor de Castilla, reina consorte de Inglaterra un par de siglos antes que Juana, se casó con Eduardo I de Inglaterra. Primero hicieron una especie de viaje de peregrinación por Tierra Santa, y cuando lo nombraron rey volvieron a su casa de Inglaterra. Leonor tuvo quince hijos y murió muy joven. Su (por muchas razones) enamorado esposo decidió llevarla desde Harby donde falleció hasta su lugar de entierro en la Abadía de Westminster. En cada pueblo donde paraban el cortejo ordenó edificar una torre con una cruz de las que aún parece ser quedan varias, los que conozcan Londres seguramente han estado o pasado por Charing Cross, actual centro de la ciudad y lugar donde se construyó la última de dichas cruces. Si antes creía que este turismo era raro, ahora tristemente lo vemos a menudo en nuestra tierra sanabresa.

Volviendo a Sanabria, sería bueno conocer los planes que tienen y han tenido los que han dirigido y los que dirigen actualmente la comunidad, la comarca y los municipios sanabreses; ¿qué tipo de destino turístico queremos ser? ¿Puede ser el turismo un revulsivo para producir productos ecológicos, ganaderos y artesanales? ¿Puede el turismo ayudar a revertir la continuada pérdida de población? ¿Qué se ofrece, que podemos y qué queremos ofrecer a nuestros visitantes? ¿Cómo puede el turismo ayudar para recuperar las tradiciones de la zona? ¿Qué tipo de visitantes vienen realmente en el lago?, ¿Cuántos de los visitantes que van al lago no son excursionistas ni retornados de la zona?

Es cierto que algunas iniciativas aportan algo de luz, me temo que si no se les ayuda y se fomentan otras quizás terminen apagándose.

Parece que hasta la fecha no hemos acertado, si ponemos como ejemplo al municipio de Galende; en el año 1900 tenía 1.876 habitantes, en 1.965 eran 2.800, ahora 990 … y bajando, los tiempos han cambiado, el turismo y el desarrollo de una comarca es algo más que el turismo y este es mucho más que Fitur, los despachos y las hojas de reclamaciones. Sería bueno hacer algo diferente, con un programa definido, multisectorial y pensando en el futuro. De esta forma quizá las siguientes generaciones no vean en nuestra tierra tanto turismo de entierro y de retornados, a ver si de una vez por todas nos unimos – esta es la clave- para desarrollar esta comarca, logramos dejar de emigrar y por tanto de ser maketos, charnegos, godos y otras lindezas semejantes en nuestro propio país.

De todas formas, si no hacemos nada “siempre nos queda Madrid”, donde creo que aún no tenemos mote.

José A. García