Lo del independentismo catalán es de nota. Toda la vida, desde Companys para acá y aún antes, han defendido la “entidad” independentista o secesionista que, por cierto, goza de gran predicamento por parte de un sector de este movimiento que tanta guerra está dando. Estos últimos años se han caracterizado por revisar la historia, adaptándola a sus intereses. Lo hacen con total impunidad desde el Institut de Nova Historia, de nueva creación, encargado de poner al descubierto algo que no se creen ni los catalanistas más acérrimos: que una gran parte de los personajes de la historia mundial eran catalanes. Esta organización ha tratado y trata de escribir nuevas páginas siempre sorprendentes.

La última ocurrencia, que ha levantado ampollas entre los historiadores y entre los músicos y compositores, ha sido la afirmación de que por las venas de Ludwig van Beethoven, uno de los grandes compositores de la historia de la música, corría sangre catalana. No conformes con eso, en el estudio que así lo afirma, se asegura que el músico defendió la causa pro catalana en la guerra de sucesión de 1701. No sé, no me atrevo a ir más allá, pero creo que el autor de la Novena Sinfonía, nació en Bonn en diciembre de 1770. ¿Qué pudo importarle al divino sordo lo ocurrido en España, por mucho carácter internacional que tuviera, en 1701?

Al parecer, un tal Jordi Cos, músico y presidente de la Orquesta Sinfónica del Vallés, la abuela del compositor, María Josepha Poll, huyó de Cataluña por la guerra, hecho que marcó a Ludwig. Habrá quien se lo crea. Y habrá quien piense que antes de Cataluña no hubo antes y que después de Cataluña no habrá nada. Nunca se ha conseguido documentar, pero si el independentismo catalán se empeña, aparecerá algún documento perdido y envejecido entre “el verde de los pinos y el amarillo de las genistas”, en el Mediterráneo que baña Cataluña. No me atrevo a decir Mediterráneo catalán no siendo que ahora digan que son sus descubridores, vamos, que lo pusieron ahí para mayor gloria de la España represora.

La fascinación del independentismo por apropiarse de tales nombres propios es enfermiza. No es la primera vez que presumen de lo que no tienen. Recordemos que han llegado a afirmar que Leonardo da Vinci y Miguel de Cervantes eran catalanes y que debido a una gran conspiración castellana se trató de borrar todo rastro apropiándose de ellos. Cuando se den cuenta de la cantidad de personajes que se han dejado en el tintero, ya verá usted como acaban por reivindicar la catalanidad de Einstein, de Carlomagno, de Salomón o de Graham Bell.