Me fue imposible asistir el pasado miércoles al acto organizado por este periódico bajo el título “Razones para quedarnos”, pero estuve en espíritu y muy atento a lo que allí ocurrió, aunque la inmensa mayoría de lo que se dijo ya me resultara archiconocido. Sí me llamó la atención un cierto cambio en el ambiente general. Parece que vamos pasando del pesimismo más absoluto a un atisbo de esperanza muy de agradecer para quienes seguimos creyendo, pese a todos los pesares, en esta tierra. Y parece también que la secular resignación fatalista que tanto daño nos ha hecho cede ante una miaja de ilusión, ante las ganas de pelear. Si se logra que la esperanza sustituya al pesimismo y la ilusión a la resignación castrante, habremos dado un paso fundamental; corto pero decisivo; pequeño pero vital.

Somos muchos los que estamos demasiado hartos de que la cacareada lucha contra la despoblación se vea reducida, un año sí y otro también, unos presupuestos sí y otros también, a análisis y promesas

Sin embargo, ese prometedor pasito se quedará en nada si no conseguimos saltar de los planes a la realidad, si no logramos hechos, concreciones tangibles. Lo resumió muy acertadamente Cipriano García, director general de Caja Rural de Zamora: “Ya se ha terminado el tiempo de palabras y estudios; es hora de ponerse en marcha y tener altura de miras”. O sea, obras son amores y no buenas razones. Y es que, como Cipriano García, somos muchos los que estamos demasiado hartos de que la cacareada lucha contra la despoblación se vea reducida, un año sí y otro también, unos presupuestos sí y otros también, a análisis y promesas, promesas, promesas. ¿Cuántos libros blancos, estudios, estadísticas, etc, etc se han hecho sobre la pérdida de población y la desertización humana en Castilla y León, en tal o cual provincia o en tal o cual comarca? Incontables. Y todos explicaban muy bien las causas, pero ninguno (o casi ninguno) aportaba soluciones. Y si las daba, eran de Pero Grullo. Verbigracia: la despoblación se frena creando empleo. ¡Claro, hombre, no va a ser destruyendo aun más! Esos “remedios” me recordaban a un conocido periodista burgalés que un buen día soltó una frase lapidaria: “Los problemas económicos se arreglan con dinero”. Y se quedó tan oreado, como si hubiera descubierto el Mediterráneo.

Me pareció, asimismo, un tanto perogrullesca, aunque atinada, la reflexión de Francisco Igea, vicepresidente de la Junta: “Fijar población no basta; como tierra de acogida, debemos atraer gente”. De acuerdo. Somos bastantes los que venimos diciéndolo desde hace tiempo; concretamente yo desde finales de los 70 cuando daba mis primeros pasos en el periodismo. Y nadie nos hizo caso, especialmente las administraciones, las rigiera quien las rigiera, para las que nunca fue un problema la despoblación. Era algo así como inevitable, como fruta del tiempo. Si los pueblos tenían que morir porque allí ya no había vida, pues que se murieran; qué le vamos a hacer. Y, claro, no hacían nada. Tuve más de una discusión, y algún gerifalte de la Junta y del PP me puso una cruz, por criticar abierta y públicamente aquel maravilloso eslogan de la era Aznar completado aquí: “España va bien y Castilla y León, mejor, por encima de la media”. Se me ocurrió escribir que sí, por encima de la media…pero en pérdida de habitantes. Y casi me obligan a exiliarme.

Bienvenido, por tanto, el señor Igea al grupo de los que pensamos que, dado el envejecimiento de los pocos que quedamos, hace falta que vengan personas de fuera para que esto no se muera del todo. Hay explotaciones rentables que se cierran porque faltan pastores, vaqueros, tractoristas. En épocas de vendimia o poda es casi un suplicio encontrar gente. Muchas de las mujeres que atienden a nuestros ancianos son dominicanas, colombianas, rumanas…En ese terreno, pueden hacer mucho las administraciones. Y no solo declaraciones.

Me pareció también muy positivo meter a Portugal en esta guerra. Hasta hace poco hemos vivido de espaldas a nuestros vecinos. Mucha declaración de hermandad, pero escasos resultados. Tan escasos que la zona de la Raya es una de las menos desarrolladas de ambos países. Cooperación bilateral, planes conjuntos, mejora de comunicaciones e infraestructuras… Todo suena muy bien, pero, como en otros tantos terrenos, urge pasar de las declaraciones a los hechos. Y eso es competencia del gobierno central y de Europa. Veremos.

A mi juicio, quien menos se comprometió fue Francesc Boya, secretario general para el Reto Demográfico. Dijo que “España tiene muchas ruralidades y cada una necesita su propia receta”; sin embargo, no dio ninguna receta concreta. Y sí, hay muchas ruralidades distintas, pero es necesario priorizarlas, es decir atender antes a las más necesitadas y urgentes, por ejemplo a Zamora. Y ahí Boya hizo de boya. No se mojó.