El pasado día 5 fue el Día Mundial del Medio Ambiente y, como era de esperar, ningún medio de comunicación hizo caso omiso a lo que desde hace años se lleva advirtiendo, y todos, incluido el diario para el que gustosamente escribo, trataron sobre el delicadísimo tema del “Medio Ambiente” haciendo hincapié en lo que se ha dado en llamar “el cambio climático”, que es uno de los mayores problemas que tienen aún por resolver la mayor parte de los países del Planeta, y especialmente los más poderosos, que son , a su vez, los mayores generadores de la contaminación que hoy padece la atmósfera que respiramos, las tierras, los ríos y los mares en que y de los que vivimos, y que, sin duda alguna, es el origen de todos los males que padecen los ecosistemas en que se desarrolla la vida de cuantos humanos, animales y plantas los conformamos.

Y si importante y necesario es que los gobiernos de todos los países de la Tierra, sin excepción, se conciencien de la responsabilidad que tienen en la batalla contra “el cambio climático”, y, en consecuencia, adopten las medidas que a cada uno le corresponda asumir al efecto, no menos importante y necesario es que todos cuantos poblamos el planeta en el que nos ha tocado vivir, sea en el país que sea, y por proximidad en la ciudad, pueblo o aldea que sea, nos concienciemos también de lo fundamental que es el papel que cada uno debemos protagonizar en la cadena humana en la que estemos enganchados.

Ayudar a conservar los espacios naturales o, al menos, no ensuciarlos o destrozarlos más, es algo a lo que todos nos deberíamos comprometer. Solo es cuestión de educación

Por ello, aunque soy consciente de mis limitaciones, hoy quiero pensar que mis palabras “no van a caer en saco roto”, y que cuantos puedan leerlas sabrán y querrán transmitirlas a todos los que tengan a su alrededor, y ello sirva para que, entre todos, hagamos cuanto esté en nuestras manos para intentar que se invierta la terrible tendencia que nos está llevando a destruir este minúsculo pedazo del Universo del que formamos parte.

Ayudar a conservar los espacios naturales o, al menos, no ensuciarlos o destrozarlos más, es algo a lo que todos nos deberíamos comprometer. Solo es cuestión de educación.

Empezar por evitar generar cualquier tipo de contaminación, para propiciar que el pueblo o la ciudad en que resides estén más limpios y más dispuestos a acoger a cuantos quieran visitarnos, para empezar, no estaría mal.

Poner un poco de interés por no seguir ensuciando las fachadas de los edificios, por poner un ejemplo, puede que sea también algo que debieran pensarse dos veces, antes de seguir haciéndolo, quienes son aficionados a dejar su impronta por donde quiera que van. Por favor grafiteros, si en verdad queréis dar testimonio de vuestro arte, poneos a disposición de la ciudadanía, o de quienes gobiernan los municipios, que ellos sabrán mostraros donde lo podéis hacer.

A poco que dejemos de “abandonar” desperdicios en las calles -colillas, envoltorios, envases…- cuando siempre puede haber una papelera cerca, o un contenedor al efecto, donde poderlos depositar, algo hará.

Si somos capaces de conseguir que los humos que producen nuestros vehículos, nuestras casas, nuestras cocinas o nuestros negocios, no lleguen al aire que respiramos cargados de partículas contaminantes, mejor respiraremos todos, y en particular quienes, por desgracia, padecen enfermedades pulmonares.

Tratar de evitar que los botellones sean nuestro peor ejemplo, sin duda nos hará mejores.

Hacer un último esfuerzo por separar en origen cuantos residuos sean reciclables, para que, acto seguido, podamos depositar cada tipo en el contenedor adecuado, puede que sea nuestra mejor contribución en la lucha contra la contaminación.

Y así, hasta no parar de hacer cuantas acciones podamos llevar a cabo para evitar el deterioro del aire que respiramos, del agua que bebemos, de los campos donde se producen los alimentos que consumimos, y de cuantos ambientes frecuentamos.

Haz cuanto puedas por que la Tierra que nos vio nacer pueda seguir siendo la mejor cuna de nuestros descendientes.

¡Ojalá Zamora pueda ser un ejemplo de ciudad y provincia sostenible y habitable!

El futuro es de quienes velan y trabajan por él.