Eso es lo que decían los periódicos de hace unos meses. Podía leerse en diciembre pasado. La biorrefinería de Barcial del Barco iba a dar empleo directo a 200 trabajadores y a otros 2000 más como empleos indirectos. Fue en aquel momento de euforia cuando también llegó a decirse que una determinada empresa había dispuesto, a ese fin, 163 millones para levantar la factoría. Consecuencia de aquella ola de buenas intenciones, algún medio informativo, solo un par de semanas después aumentó el número de empleos, pasando a 500 los directos y 5000 los indirectos. Pero resulta que, desde entonces, han transcurrido cinco meses y no se sabe muy bien cómo continúa la historia.

No es cosa de meter prisa, ya que el proyecto colea desde hace quince años. De hecho, el presidente de la Comunidad de Castilla y León (entonces), y consejero del Consejo Consultivo (ahora) llegó a poner la primera piedra hace diez años. De un proyecto que se volatilizó hacia no se sabe a dónde. Que desapareció, como el resto de los que, a lo largo de su mandato, prometió poner en marcha en esta provincia.

Hace unas pocas semanas se informó que ya estaban solucionados, por parte de la Diputación de Zamora, los últimos detalles del contrato de compra de los terrenos. Así que no parece que sea ahora el momento más indicado para azuzar. Pero tampoco estaría mal que se informara de la situación actual, al objeto de evitar suspicacias y deshacer cualquier halo de duda, porque el tiempo va pasando y eso ayuda a caer en la desconfianza y el pesimismo.

De no tomarse medidas drásticas, Zamora será, en muy pocos años, una de las diez regiones más envejecidas de Europa

Sería un magnífico hito para añadir al curriculum del presidente de la Diputación la culminación de este proyecto. Contaría con el mérito adicional de habérselo apuntado un partido político en declive. Significaría ganar una medalla, allí donde los demás habían demostrado incapacidad. Vendría a decir que cuando se quiere se puede, y que cuando se trabaja llegan a obtenerse resultados.

Pero sería insano pasarse de frenada, jugando con la ilusión de la gente (esa percepción que, aun siendo intangible, contribuye a meter algo en la saca del estado de ánimo) de manera especial la de la gente decepcionada con otros proyectos. No verlos culminados resulta dañino, ya que es la constatación de haber agrandado artificialmente las esperanzas.

Es mejor decir cómo están las cosas: los problemas y las zancadillas (de haberlas) porque eso podría llegar a entenderse. Lo que no se toleraría es que, en pleno siglo XXI, se siguieran haciendo películas utilizando los obsoletos trucos de Fu Manchú. Hacerse una foto debajo de un letrero, o de una pancarta, queda muy bien para el marketing, pero no llega a garantizar nada.

Es de alabar el ser optimista, como parece que lo es el presidente de la Diputación. Sin ir más lejos, hace unos días, a propósito del programa de la Ayuda Europea a las zonas despobladas, llegó a decir que se encontraba satisfecho porque Zamora estaba incluida en tal ayuda, aunque se diera la circunstancia de no haber sido citada de manera explícita, como son los casos de Teruel, Soria y Cuenca. Pero hay gente por estos pagos a los que no ha llegado a hacer efecto el elixir del optimismo, ya que están hartos de escuchar, año tras año, el cuento de “La lechera”.

No son pocos los que afirman que Zamora se ha quedado fuera del grupo de cabeza por mor de no cumplir con el criterio de “densidad de población”. Bien es cierto que pasan por alto la edad media, la tendencia al envejecimiento, y otros parámetros que, desgraciadamente, evidencian nuestra pertenencia a la España Vacía. De hecho, la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat), en un estudio que comprende más de 1.200 regiones del continente, anticipa que, de no tomarse medidas drásticas, Zamora será, en muy pocos años, una de las diez regiones más envejecidas de Europa.

Pues eso, que, si llegáramos a quedarnos, como de costumbre, a dos velas, habría que seguir pensado que los criterios aplicados no solo habrían sido injustos, sino también técnicamente cuestionables. Tampoco llegarían a entenderse los términos en los que se están llevando a cabo las negociaciones con Europa. Por eso es necesario que, en el momento actual, despeguemos todos el culo del asiento, como parece estar haciendo el presidente de la Diputación, antes que sea demasiado tarde.

No vendrá mal una dosis de optimismo. Para ello tomo prestados unos versos del recientemente desaparecido Jesús Hilario Tundidor: “Es mi empeño la luz / la luz hermosa y perseguida / y amo, tal como es, la puta vida”