Anoche comenzó la campaña electoral en la comunidad de Madrid. ¿Anoche? Pero si yo creí que llevábamos ya siglo y medio, o un poco más. Desde que la señora Ayuso decidió adelantar los comicios casi no se ha hablado de otra cosa en España. ¿En España? Más bien en todo el orbe conocido y parte de Murcia. Incluso en la Vía Láctea y galaxias adyacentes se ha generado una expectación fuera de lo común, prueba evidente de que, sin el Madrid de doña Isabel, no existiría el universo tal y como lo conocemos ni habría futuro para los humanos, los selenitas, los marcianos, los alienígenas y los descendientes de ET, que, dueños de derechos de autor, ya andan buscando casa en la Moraleja o en el barrio de Salamanca; les da igual. “Madrid lo es todo”, ha dicho ET junior mientras iluminaba con su dedo fosforescente el argumentario que le había enviado Miguel Ángel Rodríguez para que supiera responder a preguntas incómodas de la prensa filocomunista, bolivariana y de las JONS.

Estamos en campaña. ¿Estamos? Claro, hombre; aquí no se libra ni los ratones coloraos de los mítines, declaraciones, controversias y demás del lío madrileño. Da igual si nos afectan a no los problemas que allí se debatan. ¿Le importa mucho a los alistanos si Fuenlabrada reclama zonas verdes o si necesitan más semáforos en Vallecas o si urgen carriles bici en Usera? Uno diría que a los de San Vitero no les va la vida en ello, salvo que tengan familiares en esas zonas, pero leyendo, viendo y oyendo lo que se dice sobre las elecciones madrileñas parece que sí, que los de Entrala, Puebla de Sanabria o Castroverde de Campos no se van a la cama tranquilos si no escuchan la ración diaria de bálsamo de Fierabrás “Soluciones para todo” que imparten Ayuso, Gabilondo, Pablo Iglesias, Monasterio, Mónica García y sus superiores o acólitos. O sea, se constipa Madrid y tose España, agujeros negros incluidos.

Estamos en el mismo saco que otras tantas regiones y, por consiguiente, nuestros problemas y aspiraciones se difuminan, quedan ahí, arrinconados, sin que nadie de fuera se preocupe de ellos

De modo que si hubiese justicia, legal, electoral y poética, el próximo 4 de mayo tendríamos que pronunciarnos todos. Urnas en Tierra de Campos, en Tierra del Vino, en la Guareña, en la sierra de la Culebra y que voten hasta los lobos, que para eso pesan y cuentan en estas tierras ya más que las personas. Al fin y al cabo si, como aseguró Ayuso, Madrid es España y España es Madrid (o algo así), todos sin excepción tendríamos que influir en la elección de los gerifaltes madrileños. O, al menos, reclamar el derecho a poder hacerlo. No nos caerá esa breva. En Madrid votarán los empadronados allí (¡Ay, Toni Cantó, pillín, pillín, que te han pillao!) y al resto no nos quedará más remedio que aguantar, y sin paraguas, el chaparrón de la campaña y lo que vendrá después, que amenaza con ser más latoso e inaguantable. ¿Se imaginan varias semanas oyendo análisis, estadísticas, posibilidades de pactos, etcétera, etc? Como para pedir plaza en un cohete espacial rumbo a Marte o a donde nos lleven.

Y, mientras tanto, mientras nos preparamos para unos cuantos días extenuantes, tal vez a alguno de ustedes le dé por comparar el eco y la atención a las elecciones madrileñas con lo que sucede cuando votamos en las autonómicas de Castilla y León. Oiga, que nos convertimos en invisibles. Solemos serlo siempre, pero cuando tenemos que ir a las urnas se nota mucho más. Estamos en el mismo saco que otras tantas regiones y, por consiguiente, nuestros problemas y aspiraciones se difuminan, quedan ahí, arrinconados, sin que nadie de fuera se preocupe de ellos. Lógico, ¿no? Cada cual que resuelva lo suyo y el Gobierno central, lo de todos. ¡Ja!, qué gracioso es usted, don Filogonio, no ve que los de Madrid no son, como nosotros, invisibles, que son excelsos, destacados, fundamentales, insignes, notables, renombrados, que no podemos pasar sin ellos, que si nieva en Madrid, ha nevado en todo el cosmos, que un atasco en la M-30 tapona hasta la carreterita que va de Guarrate a El Pego, y añadan los ejemplos que quieran. Y que conste que no tenga nada contra Madrid, al contrario, ni contra los madrileños, pero me parece desmesurado, desproporcionado, lo que ha sucedido, está sucediendo y sucederá con los comicios del 4 de marzo.

Evidentemente, los medios de comunicación tenemos gran parte de culpa, pero los políticos no son, ni mucho menos, ajenos a ello En vez de bajar la intensidad y reducir el asunto al ámbito regional, han aumentado el ruido y han convertido unas elecciones solo madrileñas en unas primarias españolas, casi en un plebiscito. ¿Lo harán cuando nos toque votar a nosotros? No se rían, por favor.