En los días pasados, confinados a medias, y perimetrados a conciencia, muchos hemos tenido tiempo para darnos un desahogo de lágrimas ante las imágenes quietas de Semana Santa, donde el dolor de la humanidad afligida está tallado con verídico arte en el rostro y gesto de las imágenes de los pasos. Nos ha faltado (y van dos) la celebración tradicional, a pie de calle, de la muerte del inocente Jesús, el manso cordero llevado al matadero, como escribió el profeta Isaías.

"Carcajada", obra de la artista zamorana Laura Luelmo. Laura Luelmo

En los ratos que estos días de oración y vacación nos depararon, uno ha comprobado el sabor agridulce de lo virtual, teniendo que acudir a recursos telemáticos y audiovisuales para sentir, quieto en casa, lo que no hace mucho vivíamos fuera. Me ayudé de la música de Bach con su Pasión según San Mateo, La Misa de Réquiem de Mozart, el Stabat Mater de Pergolesi, el Miserere de Hilarión Eslava y un largo etcétera de composiciones a través de Radio Clásica, o de libros como “Historia de Cristo” de Papini, “Figuras de la Pasión” de Gabriel Miró, El poemario de Unamuno: “ El Cristo de Velázquez” o la poesía siempre consoladora y fragante de Santa Teresa.

También puse a trabajar a mi viejo aparato de CD, escuchando viejas melodías, que no envejecen. Como uno tiene sus años, saqué de mi colección de música nostálgica: un doble CD de canciones de Roberto Carlos con sus éxitos bien conocidos por la peña de mi generación, y de anterior o posterior a ella. Siempre me emociono escuchando “Lady Laura” dedicada a su madre, y más ahora que la mía falta. Pero también últimamente asocio a ese nombre musical el de Laura Luelmo, que tuvo su pasión y tormento cuando caminaba. Decía que el rostro de los pasos son el nuestro dolorido, y ahora digo que el camino del Calvario son muchos caminos. Lady Laura-Laura Luelmo.

Pincho un tema que suena por dos pérdidas con muy distinto final. La madre del músico y la mía consumieron aceptablemente sus muchos años y largos días. A Laura Luelmo le robaron el calendario, al tiempo que la vida.

Imagino a la madre de Laura Luelmo desconsolada, y veo a María, afligida, desmayada, como la pintó Van Der Weyden ( El Prado) ante su Hijo crucificado, en el trance del descendimiento

A propósito viene la cita que tomo de Papini para calificar el trance inesperadamente trágico de la joven profesora asesinada en Huelva. “El hombre bestia, cuando está seguro de su impunidad no conoce mejor solaz que éste: desahogarse contra el inerme, con mayor gusto cuando el inerme es inocente”.

Cristo predijo su muerte. Laura Luelmo pintó un cuadro con impensable ¿premonición de la suya?. Vemos una pintura que ella realizó inspirándose en el cuadro desgarrador de Munch: “El grito”, donde una mujer aterrorizada, con las manos en la cara, abre la boca desgañitándose.

Laura Luelmo pintó con similar paleta de color, y atmósfera no exenta de tragedia, otro cuadro donde vemos a una mujer joven con expresión que parece celebrar a gritos el haber dado esquinazo al personaje siniestro cuya figura vemos en pequeño.

Demasiadas coincidencias plásticas, y dolorosas emociones musicales que evocan palabras-clave del tiempo de Pasión: Caminos, torturas, cruces. Abuso, secuestro, crueldad…

Imagino a la madre de Laura Luelmo desconsolada, y veo a María, afligida, desmayada, como la pintó Van Der Weyden ( El Prado) ante su Hijo crucificado, en el trance del descendimiento.

No puedo sino volver a dos canciones del músico brasileño, en dicho álbum, que pueden iluminar espiritualmente lo que nada puede vacunar el dolor de madres por semejantes pérdidas. Una se titula “Luz divina”, que escucho ahora y tiene el sentido esperanzador de la Pascua, aunque estoy triste, “triste y azul”, como su gato, como andamos casi todos últimamente.

A veces la vida se parece demasiado a la literatura y algo ocurre también con la pintura, y y la música, aunque solemos decirlo a la inversa. La muerte de Laura Luelmo es una novela de terror. Ojalá solo fuera una novela.

Ojalá nunca tuviera que escribir estas líneas pero parece que la muerte de inocentes se empeña en dar motivos de esquela, con demasiada frecuencia.

“No lloréis por mi, llorad por vosotras y por vuestros hijos”; cuánto valor le echó El Señor para decir eso con lo que llevaba encima.

¿A quién no le han caído lágrimas escuchando una canción, leyendo un libro, mirando un paso, o sufriendo lo que nos trae inesperadamente la vida?

A nuestro cantante también le dio fama el tema titulado “Jesús Cristo, yo estoy aquí”.

Y aquí me quedo con ustedes, recordando con música a nuestras mujeres de la Pasión. Tantas “Lady Laura”.