La fidelidad con uno mismo es la voluntad duradera que carece de orientación y encuentra el sentido en las convicciones. El chaqueterismo, a día de hoy, es un irresistible veneno. Sí, muchas personas encuentran en el cambio, la singularidad de venderse por una olla de lentejas. Hay cosas que no están hechas para ser reunidas. Ya saben que todo aquello que es posibilidad de recomenzar no siempre es principio. Qué de chaqueteros son el juego dialéctico buscando espectáculo. Muchas personas se están transformando en hienas y se están convirtiendo en el desesperado gesto de la ganancia. Hay apariencias (opinión subjetiva) que son el gesto de la hipocresía y se asemejan a un torrente sanguíneo desgarrado. La ambición constriñe de tal manera que junto al gesto evasivo se presiente la solemnidad (sonrío) de una buena “cagada”.

Estoy hasta las narices, por no decir hasta las pelotas, de discursos sin sentido y de genios incoherentes

El mundo es un lugar jodido. Mientras unos son movimiento, otros son la carencia de fuerza. Hay una bruma que tiene forma de mágica; de forma inmediata cambia el aspecto de las cosas. Los chaqueteros siempre están a la espera de una proposición. Y lo cojonudo del caso es que animan a la población a ser igual que ellos. Estoy hasta las narices, por no decir hasta las pelotas, de discursos sin sentido y de genios incoherentes. Ante semejante panorama solo nos queda buscar personas que sean la convicción que no se disfraza de conveniencia y cada día necesita cambiar de chaqueta.