El título no es muy original y resume una obviedad: la alimentación ha sido y sigue siendo imprescindible en la historia de la humanidad. Sin un mendrugo que llevar a la boca, apaga y vámonos. Las consecuencias son sobradamente conocidas: hambrunas, desnutrición, muertes por inanición, enlentecimiento en el desarrollo físico e intelectual. ¿Les suena? Ahí están la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), UNICEF y una legión de organizaciones humanitarias para recordarnos de qué estamos hablando. Por ejemplo, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la FAO asegura que hoy en día hay 925 millones de personas desnutridas en el mundo, UNICEF dice que la desnutrición infantil se relaciona con más de 2,5 millones de muertes anuales en el mundo y que casi 200 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición crónica o Acción contra el Hambre nos recuerda que en un mundo con alimentos para todos es inaceptable que aún sigamos contemplando escenas de hambre como si tal cosa.

Estas meditaciones aterrizaron en mi cabeza la noche del viernes, cuando leía los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre la evolución del Producto Interior Bruto (PIB) en España durante 2000. Aunque ya sabíamos que la caída del PIB iba a ser monumental por el efecto del COVID-19, sin embargo, las cifras del INE revelan algo que debe resaltarse: mientras que casi todos los sectores económicos tuvieron crecimientos negativos, especialmente los vinculados con la hostelería, el comercio, el transporte, la construcción y las actividades artísticas y recreativas, sin embargo, las actividades financieras y, de manera muy especial, el sector primario (agricultura, ganadería, silvicultura y pesca) tuvieron un crecimiento positivo. Por tanto, aunque ya lo intuíamos, el INE ha confirmado el papel tan importante del sector primario durante el último año. Los consumidores lo hemos podido comprobar cada vez que íbamos al supermercado o a la tienda de la esquina: los alimentos seguían ahí, como siempre.

¿Se imaginan qué hubiera sucedido en este país si se hubiera producido un problema de oferta de alimentos de primera necesidad y a la hora del desayuno, la comida, la merienda o la cena hubieran escaseado la leche, el azúcar, el arroz, los garbanzos, la carne, las lechugas, los tomates, la merluza, las naranjas, el vino, el aceite o la harina? Pues detrás del milagro de las estanterías llenas de los productos básicos para nuestra alimentación se encuentra el trabajo de muchas personas relacionadas con las actividades del sector primario y de la industria agroalimentaria, que lo complementa y que también ha sido crucial. Por tanto, sin agricultores, sin ganaderos y sin pescadores hubiera sido imposible que los consumidores, es decir, usted y yo, llenáramos el carro de la compra como siempre. Por eso, hoy quiero reconocer el trabajo de tantos hombres y de tantas mujeres por producir la comida que todos necesitamos para seguir adelante. Firmado: un ciudadano frustrado que quiso ser agricultor y ganadero y no pudo.