Resulta que hace unos días se ha dado un caso algo más que curioso. El alcalde de Cáceres, perteneciente al PSOE, se ha enfrentado valientemente al Gobierno Central o, dicho de otra manera, a su propio partido, en interés de la ciudad que representa. No recuerdo un caso similar desde los años “noventa” cuando José Antolín Martín, a la sazón presidente de la Diputación de Zamora, se enfrentó a su partido, el PP, destituyendo a dos de sus vicepresidentes. Siempre es de admirar que un cargo público, de cierta relevancia, se atreva a enfrentarse a la apisonadora que maneja su propia dirección. Los de Antolín, eran tiempos en los que todavía coleaba el “caso Zamora”, aquel de los años “ochenta”, que llegó a copar los principales espacios de los medios de información nacional. Los de la presunta financiación ilegal del PP, incluida la campaña electoral de Aznar, cuando optaba a ser presidente de Castilla y León. La época en que fue denunciado un presunto “ocho por ciento” que, al parecer, se exigía a los constructores, en la Diputación zamorana, por cada una de las obras públicas adjudicadas.

“La fábrica de baterías de litio de Catalunya no se nutrirá de las minas de litio extremeño” ha dicho el alcalde de Cáceres, Luis Salaya. “No se permitirá que se condicione y sacrifique, nuevamente, el futuro de una ciudad extremeña” para fomentar el desarrollo industrial en otras zonas del país.

“No puede suceder, en ningún caso, que se condene el futuro de Cáceres para seguir reforzando el desarrollo de unas comunidades concretas”, dijo el edil socialista, el mismo día en que el Rey y el presidente del Gobierno acudían a la SEAT, de Martorell, para comunicar la buena nueva (Para los catalanes) de la creación de un consorcio público-privado que va a poner en marcha la primera fábrica de baterías para vehículos eléctricos en España. El mismo día en que las autoridades catalanas, en lugar de hacerles la ola, ignoraron a los que iban a hacerles ese regalo, despreciándolos hasta el extremo de no saludarlos. Y es que, mientras unos claman porque se acuerden de vez en cuando de ellos, otros, haciendo uso de algo parecido al chantaje, reciben lo que no se merecen.

¡Si no lo veo, no lo creo! Hay que tener agallas para soltar una proclama así por parte del alcalde extremeño. Aunque, quizás no tantas, pues la necesidad hace que uno eche mano de determinados argumentos, para evitar tener que ver como desaparece lo que más se quiere, la patria chica. De exigir que el programa de industrialización de España no se limite a promocionar, en exclusiva, a las autonomías más desarrolladas, que además de ser moralmente deleznable, es también un error político.

No se sabe si servirá para mucho la proclama del alcalde del PSOE. Pero lo que, si es cierto, es que, en política, suelen servir de mucho los gestos. Y el del alcalde socialista extremeño, sin ninguna duda, no ha pasado desapercibido, pues, al menos, ha invitado a la gente a reflexionar.

Es de celebrar que, por fin, haya surgido alguien que se haya cansado de doblar la cerviz ante los mandamases del propio partido. Los cacereños estarán orgullosos de su comportamiento

Es de celebrar que, por fin, haya surgido alguien que se haya cansado de doblar la cerviz ante los mandamases del propio partido. Los cacereños estarán orgullosos de su comportamiento.

El tiempo dirá si ha conseguido sacar tajada de ello, o si solo le habrá servido para cavar su propia tumba, dentro del partido, como le ocurrió al presidente de la Diputación zamorana. En cualquier caso, es de alabar su gesto, al actuar así. A hacerse eco de la indignación general, ante tanto atropello. Y es que lo de la factoría de las baterías en Cataluña, se va a hacer con fondos públicos, o sea, con dinero de todos. Y todos tenemos derecho a que, al menos de vez en cuando, se acuerden de nosotros.

Aquí, en Zamora, en la zona de “la Raya” (Fermoselle y Villar del Buey) también existen minas de litio. Esa zona forma parte de la reserva europea de este mineral. De hecho, los portugueses ya están trazando planes para poner en marcha alguna planta de extracción en su territorio. Mientras tanto, por estos pagos no se ha oído hablar mucho de ello.

No parece fácil de explicar que el hecho de contar con una materia prima como el litio, obligue a dejarlo extraer a cambio de nada. Ni a permitir que las zonas deprimidas tengan que apechar con la destrucción del paisaje, mientras la riqueza continúa fluyendo hacia las arcas de las dos comunidades de siempre.

Algo de eso sabemos aquí. No hace falta ir cargando con la mochila sentimental para recordar la construcción, en nuestros ríos, de saltos de agua a cambio de nada, pues la empresa explotadora no ha dejado en Zamora ni una triste oficina. Para más inri, el domicilio social de Iberdrola se encuentra en Bilbao, donde la empresa paga el impuesto de sociedades. Hace poco pudimos leer que la concesión de esta explotación se encuentra a punto de concluir. Quizá haya llegado el momento de reivindicar algo que en otras regiones no hubiera hecho falta hacer, porque nadie se hubiera atrevido a expoliarlas.

Uno, a veces, se encuentra influido por la cálida luz que ofrece la mañana, y llega a pensar en aquello que Platón dijera sobre Sócrates: “Solo sé que no se nada”.