Asistimos a una idea generalizada de que hay que desconfiar de todos, hasta de los padres y amigos y por supuesto de las instituciones. Sean representativas o de otro signo. De no pocos se dice que mienten más que hablan, que son como “Juan palomo: yo me lo guiso, yo me lo como”, o se acuerdan de “Antón, Antón el pirulero, cada cual, cada cual, atiende a su juego”. Y para referirse a otros se les adorna diciendo piensa mal y acertarás. De este juicio sumarísimo casi no nos libramos nadie, periodistas, opinadores, más jóvenes, mayores, profesionales y sobre todo los políticos. Estos juicios de valor son de gran peligrosidad por el desmoronamiento de actitud y comportamiento que conllevan. Y es cierto, en parte, pues cada cual puede constatar como escucha una cosa y luego hacen otra distinta, se prometen cosas que ni siquiera se intenta cumplir. Yo mismo en una ocasión elogiaba a un alcalde que me dijo que ya tenía un millón de euros para construir un centro de día. Aún no he visto una piedra para ello y ya pasaron dos años. Recientemente, gracias a la tenacidad de Irene Gómez, como tantos otros informadores comarcales, el molino de Matarranas como icono de los muchos vestigios de otras culturas que se pierden, será reconstruido. En adelante, se debería renombrar con su nombre. Para poder gobernar a muchos o pocos, administrar fondos y patrimonio municipal que proceden de diversas fuentes como tributos, compras o donaciones, se precisa tener capacidad y su confianza. De lo contrario, se puede estar bajo sospecha. Y eso vale para todos: Cáritas, Manos Unidas, El Banco de Alimentos, sindicatos, partidos políticos, Cruz Roja, cofradías, Diputación, ayuntamientos, asociaciones, mancomunidades, parroquias, gobiernos , parlamentos. Y la confianza es una forma de estar en la vida privada y pública que ha de ganarse, acrecentarse y mantenerse para que lo que se diga o haga, sea creíble. De lo contario siempre habrá la sospecha de que hay un aprovechamiento del cargo para beneficio propio, de parientes o de la tribu. Y en la era de la información pasa por dar mucha información veraz, completa y de forma frecuente. Ya los romanos, en concreto, el cónsul Julio César, en el año 59 antes de Cristo puso en marcha el periódico Acta Diurna que es considerado el primer diario con carácter político en todo el mundo. Este periódico tenía como función informar al pueblo sobre los acontecimientos que se llevaban a cabo en el gobierno romano, intereses generales, casamientos, muertes de personas, consejos de cómo negociar. Era escrito en piedra o metal y le ponían el sello oficial para evitar las falsificaciones. Era expuesto en lugares concurridos de la ciudad. En 1661 en España se pública la Gaceta de Madrid que, si bien al principio era privada, Calos III en 1762 la transformó en oficial para que reflejara los actos del gobierno y así siguió hasta 1936, año en el que fue transformado en Boletín Oficial del Estado y hasta hoy. En la Alemania actual conozco realidades de entidades municipales no superiores a los 10.000 habitantes, que tienen su periódico institucional en los que informan de todo lo oficial: Sesiones de plenos, de las comisiones, de las asociaciones de vecinos, de sindicatos, de grupos de trabajos de proyectos, su realización, visitas. Y tienen dos formas, o bien disponen de medios propios medios institucionales, no del alcalde, o bien preparan la información en un suplemento, que insertan previo pago en el periódico local. También en Zamora hace unos 15 años hubo ayuntamientos bien pequeños que hicieron algo parecido. Merecía la pena reeditar aquella hermosa experiencia Y análogas actuaciones llevan a cabo las instituciones que nombré anteriormente. Han descubierto el valor y la exigencia de la información en la época moderna. Y lo que esta significa para afianzar esa confianza. Y es que esa crisis generalizada de confianza en quienes nos administran puede y debe ser superada por mucha información y de calidad. Información verbal en encuentros periódicos de alcaldes y concejales con los vecinos para informar y escuchar, informaciones a los medios, balances de los ingresos, gastos y razones. Transparencia sin miedo. El pueblo llano, la gente normal, si comprende, entiende y hasta disculpa cuando con claridad se le dicen las cosas, argumentan, justifican y se asumen errores, si los hay. Pero se lleva muy mal la ocultación, el desprecio activo, el cerrar la boca, insinuar represalias para que no se hable o escriba lo que se acuerda o hace. Quien ostenta un cargo lo hace basado en la confianza que un día obtuvo en la urna y está condicionada al quehacer diario y a esa información que es como el oxígeno que mantiene vivo y sano el cuerpo social. Por eso la Constitución pudo poner como norma en su artículo 20 1. El derecho de toda persona a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier medio de reproducción. Hoy también grupos de Whatsapp. Y las instituciones a dar información veraz, completa y frecuente. Y se regula en, la asistencia libre de los medios de comunicación a las sesiones de los organismos públicos.