Hemos dejado atrás unas Navidades raras. Unas Navidades tristes en la que se ha puesto de manifiesto, más si cabe, la existencia de dos Españas: Una España sociable y con sentido común, que cumple con los dictámenes de las autoridades sanitarias. Y una España egoísta que sólo piensa en modo yo, me, mí, conmigo; una España asocial que recibe mensajes, como el resto, pero es incapaz de descodificarlos correctamente porque pertenece al género idiota.

Todo lo anterior, por lo que se refiere a la pandemia del Sars-Cov-2.

Al mismo tiempo, también hemos finiquitado unas Navidades reveladoras del futuro que nos espera. Unas desalentadoras Navidades, en las que en el Mercado de Lechazos de Villalpando previo a la semana de Nochebuena apenas si se juntaron cinco ganaderos para vender, y tan sólo cuatro tratantes para comprar. Quien nunca haya estado en el Mercado de Lechazos de Villalpando previo a la Nochebuena no puede ser capaz de vislumbrar la tragedia que se deriva de este dato.

Y en este caso, la culpa no la tiene ningún virus mutante.

Zamora se muere. Un nuevo año más que ostentamos la medalla de oro a la provincia que más población pierde. Castilla y León entera tiene sus días contados igualmente, pero esa es harina de otro costal. A Zamora le quedan cuatro telediarios, y la culpa no es sólo del Estado. La culpa es una culpa colectiva, una suma de la culpa de cada uno de nosotros.

Hace veinte años Zamora era la provincia con más ovejas de España y de toda Europa. Hace veinte años el Mercado de Ganados de Benavente era referencia en el sector. Cada jueves allí se daban cita ganaderos y tratantes de Galicia, todo CyL, de La Rioja, navarros, de Madrid, y hasta cabreros venidos desde Murcia para vender sus cabritos.

Hace veinte años el Mercado de Lechazos de los martes en Villalpando, previo a la Nochebuena, generaba más dinero que cualquier centro comercial en rebajas. Sin embargo, nunca existió una autoridad política o empresarial, que embriagada por el potencial del “oro blanco”, blanco por el blanco de los vellones de los corderos de blancas lanas, apostara por el seguro sector ovino. Seguro, por la obligatoriedad que tenemos todos de alimentarnos.

Al contrario, se lo jugaron todo al veleidoso sector servicios.

No se defendió al sector ovino, el oro blanco de Zamora. Nadie lo hizo. Ni sindicatos, las benéficas cooperativas o las fabricas de queso, ni hostelería, la Sacrosanta lonja de Zamora o la IGP, ni los mataderos, carnicerías o las cajas de ahorros. Nadie hizo nada para evitar que se cerraran los Mataderos públicos de Benavente y Villalpando. Como nadie hizo nada para evitar que se cerrara el Mercado de Ganados de Benavente.

Y el Mercado de Lechazos de Villalpando ya tiene encargada su caja de pino.

En El Hereje, don Miguel Delibes hace decir a uno de sus personajes, que la oveja es el animal más alegre del mundo, porque si te fijas en su hocico, parece que siempre está sonriendo. Sonriendo o no, la oveja es el animal más bello del mundo. Bello, porque desde un punto de vista práctico, no existe un animal más productivo, por eso fue el primer animal domesticado por el ser humano hace ya más de once mil años.

Si por mí fuera, repoblaría España entera con ovejas pastoreando a su libre albedrío. Hasta el Parque de María Luisa lo llenaría de ovejas. Ovejas siempre sonriendo, campando a sus anchas por la Plaza de España de Sevilla y balándole al azulejo de la provincia de Zamora un “Llora por lo que no supiste defender”, como mamá Aixa a Boabdil tras perder Granada.

Ovejas, que además de una carne saludable, producen leche con más cantidad de calcio, un calcio que se asimila mejor que el de vaca. Y queso de oveja. Con permiso de las cabras, primas hermanas, pero no hay un alimento más exquisito que el queso de oveja acompañado de una pinta de cerveza.

Lana de calidad, lana y no acrílico, lana de la buena, de la que es un material mal conductor, y por lo tanto se puede usar en invierno y verano. Beduinos y demás pueblos nómadas de todo el planeta dan fe de ello. Porque no deja escapar la temperatura corporal, ni permite que el frío o calor del exterior entren en contacto con nosotros. Por no hablar del cuero. No hay heavy sin su fiel cazadora de cuero, y no hay cuero que iguale al de cordero. La mía me acompaña desde el instituto, ya voy para el medio siglo, y ahí sigue.

Sin ovejas, Zamora ha hecho suyo el lema del punk, no future.