Cuando se ven los peces es cuando el mar está en calma y se mira en profundidad solo a una esquinita de la bahía. Les pongo en antecedentes: Gala de los Premios Forqué 2021 del cine español, pasado sábado por la noche, acontecimiento retransmitido por la televisión pública, primer reconocimiento del año a la cinematografía patria, medidas anti covid trufadas con algún abrazo volandero, homenaje a los héroes de la pandemia y de Filomena, lágrimas de emoción, todo muy políticamente correcto, bienintencionado y bonito, dan a conocer los galardones actores, actrices y representantes de cada uno de los colectivos (sanidad, limpieza, transporte, distribución, cocina, profesorado, UME, policía, guardia civil...) que más han dado la cara en 2020... ¿Saben quienes no estuvieron? Sí, agricultores y ganaderos, como si no existieran, como si los alimentos se criaran en las grandes superficies.

Ya sé, ya sé, que es pura anécdota y que una gala de entrega de premios cinematográficos no vale para sacar conclusiones, pero lo voy a hacer porque creo que el olvido de la labor transcendental que cumplen en plena pandemia, fuera de ella y desde siempre los profesionales del sector agrario es general en esta sociedad urbanita y sectaria.

Agricultores y ganaderos siguen siendo invisibles para la mayor parte de la gente que aparece en los medios de comunicación, esto es, la supuestamente “importante”. Son esa España profunda, de costumbres bárbaras y antañonas, vaciada por dentro y por fuera, que no acaba de encajar en un mundo globalizador y digital, extrañamente empeñado en marginar a quien trabaja con las manos.

Vuelvo a la imagen inicial, la de los peces y el mar en calma y cambio de tercio para hablar, cómo no, de la maldita pandemia que nos ha caído encima y nos está matando (a la carrera y poco a poco) y de la plaga que suponen políticos de uno y otro bando empeñados en medrar en medio de la miseria y la nada. ¡Vaya castigo, por Dios! ¿Es que ya no queda ni un humano honesto en todo el reino?