Avanza el otoño y con él llega el maravilloso espectáculo de los debates presupuestarios. Y escribo en plural porque cada presupuesto tiene su miga, su intríngulis, sus recovecos. Los presupuestos y quien los analiza, valora, critica, difunde y trata de demostrar (¡ay, la batalla del relato!) que los de su partido son chachi lerele y los de los demás pura bazofia, dañinos para tal o cual provincia, comarca e, incluso y si se tercia, para una escalera de vecinos. Todo con tal de demostrar lo casi perfecto que es uno y lo malvado que es el resto.

Durante muchos años me tocó informar de los presupuestos de la Junta tanto en su presentación como en su paso por las Cortes (enmiendas a la totalidad, enmiendas parciales, pleno de aprobación). Los periodistas que seguíamos habitualmente tales eventos hacíamos apuestas a ver quien acertaba con los adjetivos, hasta en el orden, de unos y otros. Para los del PP, que gobierna esta región desde 1987, que no se olvide, los presupuestos siempre eran inversores, sociales, equilibrados, atentos a todas las necesidades de la población, etc, etc. Para el PSOE, siempre en la oposición desde la fecha citada, todo lo contrario: derrochadores, antisociales, favorecedores de los más ricos, olvidadizos para con los problemas de Castilla y León, motivo de desigualdad y más etc, etc. Alguna vez gané la porra. Otros me quedé muy cerca. No era difícil. Ejercicio tras ejercicio se repetían las valoraciones, las loas y las críticas ya gobernara Aznar, Posada, Lucas o Herrera, ya fuera líder de la oposición Laborda, Quijano, Villalba, Óscar López, Villarubia… Nada ha cambiado ahora con Mañueco e Igea presentando, autosatisfechos, las cuentas y con Tudanca dando caña desde el primer momento. La historia es cíclica. O lo parece.

El mambo de los presupuestos regionales suele coincidir con otros mambos similares: el de los presupuestos del Gobierno central y los de los ayuntamientos y diputaciones. Y también se repite casi todo, aunque con unas variantes ¿curiosas? que ustedes habrán tenido a bien observar y anotar en el trascurso del tiempo. Veamos: lo que los del PP (y actualmente Ciudadanos) elogian de los números de la Junta se vuelven descalificaciones cuando analizan las cifras del Ejecutivo central. Lo que aquí es inversión, allí es despilfarro; lo que aquí es social, allí es privilegio y desigualdad. Si aquí quedan obras fuera de los presupuestos, es porque no ha sido posible, por falta de fondos, pero, faltaría más, se harán, aunque no se diga cuándo. Si el Gobierno central no contempla una inversión concreta, será porque discrimina a esta provincia, o no la tiene en cuenta, o pasa de ella, o la margina, como ha sucedido históricamente.

O sea, y resumiendo, lo que vale para defender lo propio sirve también para atacar lo contrario. Y lo hacen todos, nada de excepciones. Lo comprobarán fácilmente si se toman la molestia de repasar las declaraciones de nuestros barandas y gerifaltes en esta nueva, y conocida, sonata de otoño.

Como quiera que nos espera aún un largo trámite antes de la aprobación final de los presupuestos nacionales y regionales, podremos comprobar también cómo se retuercen los argumentos, se juega con medias verdades, se cae en el cinismo más descarado y se ocultan o no se dan mucha importancia a cifras sustanciales. Verbigracia: queda ahí, como escondido, que la tercera partida de más gasto de la Junta asciende a 1.423,3 millones de euros (el presupuesto total es de 12.291) para pagar amortizaciones e intereses de la deuda acumulada o pedida. Obviamente, Casado censura la deuda del Gobierno de Pedro Sánchez, pero el PP castellano-leonés defiende la de aquí. Y el PSOE hace lo contrario. Bien, y necesario, lo de la Moncloa; mal lo del Colegio de la Asunción.

En Zamora, el espectáculo puede ser todavía más excitante ya que IU gobierna el ayuntamiento capitalino y Ciudadanos, aunque de aquella manera, la Diputación. ¿Cómo no esperar fuertes críticas de PP, y más atenuadas del PSOE, a Guarido aunque sus presupuestos pudieran parecerse a los de la Junta o a los del Gobierno central?, ¿cómo no estar seguros de que IU y PSOE sacudirán la badana al presi de la Excelentísima Corporación Provincial por cifras que tal vez aplaudan hasta con las orejas en el ayuntamiento de Benavente. Lo de Toro, claro, es otro cantar.

De modo que preparémonos para lo que se viene encima. A ver si somos capaces de entenderlo. Y a ver si nuestros políticos y autoridades, todos y todas, comienzan a regirse por la coherencia y aplican la misma vara de medir firme quien firme los presupuestos. Lo contrario no hará más que aumentar una desconfianza ya demasiado peligrosa.