Cada día que pasa me gusta más el nuevo obispo de Zamora. Me gusta lo que dice y me gusta lo que hace. Me gustan sus intenciones. Me gustan su franqueza, su cercanía y su claridad. Me gusta su disposición a trabajar “vocacionalmente” con los sacerdotes de Zamora que necesitan un obispo amigo, con la fábrica de hacer curas, el Seminario de Zamora, ahora bajo mínimos y con el equipo que todos los días, con su trabajo, le insufla vida. Me gusta que don Fernando Valera, como recoge en su información de ayer mi compañera Beatriz Blanco, tenga una disposición más: “sembrar la luz” por toda la diócesis de Zamora. Buena falta hace, monseñor. Menos mal que la Iglesia enciende lo que Iberdrola apaga o tiene a medio pistón.

Nos va a venir muy bien a todos que usted “siembre”. Hay quienes arrojan luz sobre la oscuridad. Don Fernando la siembra, porque además de pastor de este rebaño ya impaciente y necesitado de su experiencia y sabiduría, don Fernando es también de la rama ‘agrícola’. Lo ideal para esta tierra que le acoge con expectación, cabe esperar que sepa aprovechar como corresponde sus enseñanzas. Por un lado apacentará las ovejas de este rebaño capitidisminuido, no sólo en cantidad, también en fe, y por otro llenará de buen trigo los surcos, hoy un tanto vacíos, un tanto necesitados de simiente de la buena, que nos trae de Cartagena, y de riego. Zamora es mayoritariamente de secano y un poquito de frescor, el de su palabra, nos vendrá de perlas.

Tengo para mí que don Fernando no es de los que huye a preguntas complicadas o indiscretas. Se moja, y eso siempre se agradece en una sociedad donde la tibieza de los del ‘pésame Señor’ es un lastre. Me ha gustado cuando, preguntado por la conocida como Ley Celaá, don Fernando ha dicho sin temblarle la voz, “en materia de Educación siempre está la tentación de colonizarla ideológicamente. Y es una pena que en España no haya un gran acuerdo para que haya una Ley de Educación que traspase partidos”. Eso que ha dicho Monseñor es lo que piensa la mayoría ciudadana y no sólo los de la Concertada y la Especial, a los que se señala con mucha ligereza. Eso piensan y opinan expertos muy cualificados en esta materia que se utiliza como arma arrojadiza siempre contra los mismos: las familias.

Ya queda poco para que el nuevo Obispo venga a “sembrar la luz” que rompa las tinieblas y a llenar un vacío que se antoja insoportable cuando se deja pasar tanto tiempo. Estamos muy necesitados.