Hace 102 años Zamora vivía bajo los efectos de la última gran pandemia, la mal llamada gripe española. La provincia sigue siendo aún objeto de estudio por una tasa de mortalidad que desafiaba cualquier lógica en unos tiempos en los que la ciencia ni siquiera había sido capaz de identificar el agente responsable de la muerte de 50 millones de personas en todo el mundo durante las tres olas de la enfermedad durante los meses de marzo, octubre y, posteriormente, en la primavera de 2019. Son muchos los puntos en común que pueden encontrarse entre la gripe de 1918 y del COVID-19 si se repasan las hemerotecas. El periodismo, frente a la historia, recopilada desde el tamiz del tiempo, ofrece una perspectiva de inmediatez que refleja el estupor y la incertidumbre hace cien años. Resulta inquietante comprobar muchos de los paralelismos en sociedades tan distintas, la de un siglo antes y la actual, pero igualmente atenazadas.

Uno de los puntos en común que comparten es el papel de la mujer en primera línea de la batalla frente al virus, llámese H1N1 entonces, o COVID-19, como ahora. En el siglo XX y en Zamora, las mujeres registraron mayores tasas de mortalidad que los hombres, en las mismas franjas de edad. Era consecuencia del incremento de la carga como cuidadoras. Cien años después, la mujer juega el mismo papel en primera línea en sus trabajos en las residencias de mayores, en hospitales como enfermeras o médicas y, también, como investigadoras, en un momento de la historia actual tan oscuro. El enorme cambio en la evolución del conocimiento durante este tiempo ha tenido su repercusión en materia de género, aunque la igualdad esté lejos de conseguirse.

El Libro Blanco de la Ciencia en España hace referencia, precisamente, a esa brecha. Desde 2009 el porcentaje de mujeres que se dedican a la investigación permanece por debajo de 40%. Si ya es difícil poder investigar en España por la secular falta de medios, son muchos los obstáculos que aún tienen que sortear las mujeres que deciden emplear los conocimientos adquiridos durante su periodo de formación para volcarse en nuevos descubrimientos. Por ello, y a pesar de las restricciones impuestas, LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA y su grupo Prensa Ibérica no han querido dejar de celebrar la jornada Ewoman en 2020, esta vez, en formato online. Los objetivos del foro permanecen intactos: dar relevancia al papel de la mujer en la vida económica y social de Zamora, pero, sobre todo, promocionar su protagonismo en el mundo de la ciencia y la tecnología, precisamente cuando todo el planeta mira a la ciencia como pocas veces lo ha hecho, a la búsqueda de una respuesta, en forma de vacuna, o de tratamiento médico, para poner fin a una pandemia que ha costado la vida a más de millón y medio de personas en el mundo, más de cuatro mil en Castilla y León y cerca de 300 personas en la provincia, oficialmente.

La realidad, probablemente, supere las estadísticas oficiales. Un virus que ha puesto en jaque nuestro modo de vida, que amenaza con arruinar el trabajo y la estabilidad de tantas familias. Nunca antes ha sido tan evidente la necesidad de reivindicar la inversión en investigación, así como la labor de la mujer en el desarrollo de los conocimientos científicos sin los cuales, nuestra sociedad se desploma como un frágil castillo de naipes. Sociedades científicas de países mucho más avanzados en dar la relevancia merecida al campo de la investigación, como la de Estados Unidos, hacen hincapié en que la paridad enriquece notablemente la labor innovadora porque aporta nuevas perspectivas. Existen programas específicos para lograr reducir la brecha que se inicia en la escuela y que se manifiesta de manera palpable en el mundo universitario. Por eso son necesarios los ejemplos reunidos en la jornada del jueves en Zamora, tanto en ponentes como en premiados.

Uno de ellos es el ofrecido por Asunción Martínez, alta comisionada para la Agenda Social Suez Spain, que abogó por visibilizar esos referentes femeninos para que el talento del grupo que forma el 50% de la población española, que cuenta en su gran mayoría con una excelente formación, pueda sumarse al grupo de los científicos que avanzan, pese a las dificultades, en descubrimientos encaminados a forjar un mundo mejor para todos y todas. Hay mucha labor por delante, como expresaba la hematóloga María Victoria Mateos, referencia mundial en el campo del mieloma, porque inculcar en los jóvenes la vocación por el mundo del investigador cuesta, como consecuencia de un modelo inusual en España. Y a pesar de ello, el talento aflora y hace historia, como lo demuestra el premio a la trayectoria profesional de Rosario Heras, otra zamorana que ha sido la primera mujer en presidir la Real Academia de Físicos de España. Nacer y formarse en Zamora no es un impedimento, es el primer escalón hacia una carrera que, desgraciadamente, acaba muchas veces fuera de nuestras fronteras.

Alicia Mateos, con solo 29 años es toda una autoridad en el estudio de los microplásticos. Desarrolla su trabajo científico en Irlanda, donde encuentra un ambiente mucho más favorable para su profesión.

¿Cuánto talento seguimos exportando mientras nuestro país retrocede puestos en una vanguardia en la que podría destacar por la capacidad de muchos de nuestros compatriotas? Resulta imprescindible darle la vuelta a la situación, necesitamos gobernantes e instituciones que apuesten por el conocimiento como fuente de riqueza. Más proyectos como el de la Diputación de Zamora en la lucha por un centro de innovación tecnológica vinculada a la “sylver economy”. Necesitamos condiciones óptimas y dignas para el desarrollo de la labor investigadora. Si esta crisis alumbra una sociedad mejor debe ser con las mujeres en puestos de avance, en un plano de igualdad en la política, en la economía, la ciencia, la sanidad, la educación o la cultura. Se trata de buscar la luz, de no renunciar a nuestros sueños y perseguirlos con tenacidad. Nuestros sueños darán forma al mundo en el que vivirán nuestros hijos e hijas, nietos y nietas. La mejor razón para el esfuerzo que toca.