Aplaudo la apuesta firme y decidida del Presidente de la Diputación, Francisco José Requejo, por la candidatura de Zamora para convertirse en la sede del centro europeo de innovación digital vinculada a la “silver economy” o economía del envejecimiento. Y puesto que el optimismo mueve montañas, aplaudo su optimismo al respecto frente al pesimismo y a la negatividad de todos cuantos ven una Zamora tocada y hundida para la que no hay solución y para la que lo único que cabe es el viático. Nos hacen falta dirigentes optimistas y emprendedores, como el presidente de la Diputación, faltos de miedo y prejuicios para tratar de luchar por traer a Zamora lo que a Zamora no viene sin moverse del despacho oficial, sin tocar timbres, esperando a que otros hagan lo que nos corresponde hacer a nosotros.

Como Francisco José Requejo, yo también creo en el “potencial” de Zamora como territorio idóneo para liderar el impulso económico vinculado al envejecimiento. Somos líderes en materia tal. No sé si habrá una provincia más envejecida que la nuestra. Si acaso alguna que otra perteneciente al territorio de nuestra propia comunidad autónoma. Zamora está en la obligación de ser lo que el presidente de la institución provincial pide que sea, un “modelo” para la especialización en servicios de la tercera edad. No lo que hay ahora, que deja mucho que desear en aspectos fundamentales, sino lo venidero, lo verdaderamente especializado.

Esta apuesta conlleva una serie de pluses que no hay que perder de vista. Porque si se consiguiera, y ahí me aferro al optimismo presidencial, tendría un efecto multiplicador a la hora de atraer fondos europeos, de los que tan necesitados estamos, amén de otras muchas cuestiones que podrían convertir a Zamora en un referente nacional en ese aspecto que no es baladí. Serían tantos los proyectos que tendrían cabida dentro del propio proyecto que ayudaría también a la creación no sólo de empleo, que no siendo poco, también permitiría la especialización, por ejemplo de los cuidadores, ahora un tanto deficiente.

No todo tiene que darse por perdido por el hecho de que Zamora sea una provincia envejecida. Hay que saber sacarle partido. En lugar de deprimirnos y desmoralizarnos, bien podemos darnos de vez en cuando y aún de cuando en vez, chutes de optimismo y dejar la melancolía para la música. Ojalá que las posibilidades de éxito que contempla el presidente Requejo, cristalicen de forma fecunda con el empuje de las personas y entidades que forman parte del consorcio creado para la ocasión y el entusiasmo de todos los zamoranos sin excepción. Es por nuestro bien.