Los honores fúnebres militares son ceremonias cargadas de dignidad y la demostración final del profundo agradecimiento a todos aquellos que defendieron con lealtad, con valor, con probidad, sin miedo a la muerte, a España. Hoy martes día 3, festividad de San Martín de Porres, el humilde Fray Escoba, a eso de las once treinta horas, como todos los años, en el camposanto de San Atilano tendrá lugar el acto que conmemora el Día de los Caídos por la Patria. No es un acto para llorar a los hombres que murieron, como reconocía el General Patton “es un acto para agradecer a Dios que esos hombres vivieron”.

Se trata, como no podría ser de otra forma en el orbe militar, y muy especialmente en el Ejército de Tierra, de un acto sencillo como el titular del santoral, austero, sincero, no obstante solemne, yo diría que hermoso y edificante por todo el significado que encierra, al que el general comandante militar de Salamanca y Zamora, Juan Manuel Broncano Mateos, cuyo nombre pronuncio siempre con admiración, respeto y un profundo afecto, añade el toque entrañable de sus palabras. Porque aquellos militares caídos por la Patria, no lucharon porque odiaban lo que tenían delante, lo hicieron porque amaban lo que dejaban atrás: Familia, amigos, Patria, libertad….

Comparto con el primer soldado de España, el Rey Felipe VI, las consideraciones dedicadas a los militares españoles fallecidos. Debemos recordarlos y valorarlos con “honra, gratitud y emoción” por su capacidad de entrega “noble, generosa y a veces heroica”. Es lo que todos los años, en una sencilla alocución reconoce el general Broncano Mateos. En el acto que tendrá lugar esta mañana se honrará como corresponde a los fallecidos, con palabras de gratitud porque dieron de sí lo mejor, su propia vida y con esa emoción que, cuántas veces, resulta difícil contener. Todo en derredor contribuye a ello.

Cuánto tenemos que agradecer al Ejército español las tareas de vital importancia que llevan a cabo, aquí, para salvaguardar la calma y la tranquilidad, en medio de esta tormenta que nos está tocando vivir, y allí, en tantas misiones de paz en el extranjero donde todos y cada uno han dejado y dejan una huella imborrable. Cabe pedir para quienes hacen de la “Fortaleza, la lealtad y el valor” como reza el Himno de Ingenieros, respeto y honor, ellos se encargan de poner en su día a día, la entrega necesaria, el servicio a la patria y el orgullo de pertenencia a una estirpe militar única, admirada, imitada, seguida, reconocida en todos los países del mundo. De su grandeza habla la historia.