Todos los enfados tienen un componente obsesivo

Nuestra necesidad de hablar nos lleva a la soberbia de afirmar al instante. Nos hemos acostumbrado a usar la palabra con fines personales. Creo que por naturaleza somos la definición que se engrandece con la ofensa y se oculta junto a la insensatez. A día de hoy todo es consecuencia de un cabreo insaciable. Sí, el mismo que muchas veces se usa para socializar y tener “algo” que decir. Vaya panorama estar todo el día de mala leche y ofendido; vivir así es no apreciar la consecuencia que encuentra la unidad en uno mismo.

El enfado tiene muchas utilidades, aunque generalmente, la mayoría son la invención irritante del ego. Sin excepción, todos los enfados, tienen un componente obsesivo y al alternarse con la imaginación estallan. A simple vista (sonrío) muchos enfados son el sombrero que decora las cabezas vacías. Los cabreados son personajes que se mueven por escenarios en los que los oyentes no distinguen el gesto adormilado de su mente. Nuestro lenguaje determina nuestra riqueza; por lo tanto, las personas que pretenden ensalzar sus convicciones con gritos y palabras bajunas me hacen pensar en pobreza mental. La masa, por lo general, son el innegable salvajismo sin ganas de evolucionar. Las personas civilizadas hablan, los “iluminados” se cabrean y no dominan el vertiginoso gesto de la histeria. Hay tantas cosas estériles que nos obligan a obviar la elegancia del silencio. Piensen en la ferocidad de muchas palabras y en el camino que están tomando a día de hoy. ¡Brutal!

Toda forma de insistencia es una intención, por lo tanto, deduzco que los que siempre están cabreados y repiten todos los días lo mismo, no se reconocen en lo pensado. Ellos, claro, son más de lo hablado...

¿Qué denominador común tiene la intolerancia y el enfado? Se me antoja pensar en muchos, aunque creo que el principal es el vacío. Me aburre ver tanta indignación...

España siempre ha sido traidora con las personas brillantes, por lo tanto, no es de extrañar que muchos cabreos, sean el cortorno de la incomprensión transformado en bronca. De la historia jamás esperé nada, muchas de las cosas que nos han contado, han sido la invención de los que en su momento se proclamaron historiadores. El pasado (opinión subjetiva) nos vuelve irritantes. Es el momento de resetear nuestra mente y dejar de ver la vida junto a la sombra del pasado. Hoy es hoy.