Los episodios de irresponsabilidad ciudadana están a la orden del día. Pasar de la mascarilla, no mantener la reglamentaria distancia de seguridad y otros comportamientos inadecuados, dejan muy mal parada a una parte de la sociedad que ni piensa ni recapacita. A estos comportamientos hay que añadir la violencia, en algunos casos salvaje, de la que unos pocos hacen gala a la mínima. Ni se le ocurra llamar la atención a nadie por no llevar mascarilla. Puede emprenderla con usted a golpes como ha pasado recientemente en Zamora. El que golpea es detenido, siempre que se le pille al instante, pero el que se lleva los mandobles es el verdaderamente perjudicado, con parte forense incluido.

No entiendo a los irresponsables como tampoco entiendo a los negacionistas. Nos la estamos jugando todos. Ellos, y los demás que sí observamos las reglas de este juego que ahora nos ha tocado en suerte. No sé si trascienden o no todos los episodios de violencia que se están sucediendo a lo largo y ancho de España, Zamora incluida. Son ya muchos, demasiados. Y algo hay que hacer para evitarlos. Hace unos días, dos agentes de la Policía Local de León recibieron una paliza de envergadura cuando intervinieron en una reunión de varias personas que se encontraban sin mascarilla y sin respetar la debida distancia social. ¡Por Dios!, son dos agentes de la autoridad. Pero ni eso se respeta ya. Los uniformes ya no imponen como antes.

Lo ocurrido en León no fue baladí. Los agentes agredidos estuvieron toda la santa noche ingresados en el Hospital de León después de la agresión recibida. Ahora permanecen de baja, recuperándose de sus heridas. Las más preocupantes las contusiones en la mandíbula y en la cara en general donde ambos agentes recibieron puntos de sutura. Si eso no es violencia salvaje, que baje Dios y lo vea. En manada, que valientes son algunos, solos se cagan la patita abajo. Bien es verdad que algunos no necesitan compañeros de puñetazo, se sobran y se bastan ellos solitos. Ellos y ellas, ¡ojo! Anda que no ha habido mujeres protagonizando escenas de violencia hasta el punto de que ni tres policías juntos podían reducirlas.

Estos comportamientos vergonzosos, salvajes y cobardes son inaceptables, dicen que van unidos a la pandemia, al confinamiento sufrido y a la incertidumbre. Nada de eso puede convertirse en eximente. Nada de lo dicho justifica las agresiones tanto físicas como verbales que se vienen produciendo, en algunos lugares más que en otros. Casi siempre salta la liebre en lugares de ocio y todo por culpa de los energúmenos, los irresponsables y los intolerantes.