Opinión
Mª JESÚS OTERO PUENTE
Decadencia: el balenario de Bouzas de Sanabria
Durante más de 70 años el balneario de Bouzas constituyó la primera ventana de Sanabria al mundo, la primera actividad productora–turística en nuestro pequeño mar

Bañeras de piedra del balneario de Bouzas. / L. O. Z.
Ribadelago sacado a luz moderna, otra vez, sigue siendo del lago de Sanabria hez. De un poema de 1959 de autor desconocido para mí.
Cuando la juventud impera en nuestra vida, la muerte se percibe como un acontecimiento lejano que solo afecta a los mayores, y tal vez a algún joven por accidente, pero de esa posibilidad siempre nos autoexcluimos. Tampoco las ruinas en esa etapa tienen demasiadas connotaciones. Luego, a medida que los años se suceden, vamos contemplándola más cercana, no tanto la nuestra sino la de aquellas personas que conocemos, que nos interesan, o que queremos, y cada una de ellas constituye un golpe hiriente, un dolor profundo, algunas nos dejan un vacío en el alma imposible de llenar con nada y hemos de seguir con esa herida crónica y aprender a vivir con ella. Y hay una curva en el camino a partir de la cual se pierden en poco tiempo tantos compañeros de viaje que sientes que tu mundo se va desmoronando poco a poco, a veces de repente, y comienzas a sentir la soledad fría del que sigue caminando hacia la meta y ha dejado atrás fuera de juego a sus compañeros, los que dan sentido a su caminar. Con cada uno de ellos se va un pedazo de nuestra vida, de la historia y algunos lugares y edificios que ellos crearon y habitaron y esas ruinas tienen para nosotros connotaciones intensas que casi nos hacen amarlas y los recuerdos ganan terreno y comparten nuestro presente porque evocan nuestra vida y se van imponiendo a los proyectos.
Hemos conocido la muerte de Jesusina Requejo, eslabón importante en la tercera generación de aquella familia histórica de nuestra villa, Puebla, que llevó adelante, con entrega y acierto durante más de 70 años el balneario de Bouzas, aquel proyecto que constituyó la primera ventana de Sanabria al mundo, la primera actividad productora–turística en nuestro pequeño mar, en nuestro lago entrañable y mecedor, a la vez que trajo un poco del mundo exterior al pueblo de su orilla: Ribadelago, que a partir de entonces evolucionó en un rincón de su sombra.
Jesusina era hija del recordado Honorino Requejo, tan destacado e incansable luchador en la recuperación del lago cuando se convirtió en una finca privada de la marquesa de Villachica, que endureció las restricciones tanto que no les era permitido pescar en él ni pasear en otra barca que no fuera la que ella explotaba como negocio, ni realizar actividad alguna en sus aguas a los habitantes de los pueblos próximos, ni a los viajeros, ni a los dueños y usuarios del balneario. Sus luchas junto a instituciones, vecinos y amantes de la naturaleza consiguieron que en el año 33 la marquesa fuera desposeída de esta propiedad y el lago quedara libre para todos los ciudadanos, pues los monjes de San Martín, sus antiguos monopolistas, también se habían ido ya 40 años antes de existir el Baño, en la desamortización de Mendizábal.
La historia de este balneario y de esta familia, unida en parte a la de Ribadelago, es apasionante e intensa y su abandono, a finales de los años 40 del siglo XX, supuso la ruptura de un proceso de desarrollo, creatividad, trabajo y servicio, y el final de una época de luz en aquel rincón del sur del lago de cuya claridad llegaban algunas ráfagas al pequeño pueblo, en forma de la primera oferta de trabajo sin tener que emigrar y los primeros turistas que se acercaban curiosos a visitar aquel pueblecito confinado en su mundo particular. Este final coincidió con el amanecer de otra actividad, que sí brilló en el pueblo, que sí trajo trabajo para todos pero que terminó en la enorme tragedia: el Salto de Moncabril.
Una a una han ido cayendo, como las tejas desprendidas del edificio, aquellas personas que le dieron vida: Fidel Ramos, el cura de Ribadelago que descubrió la posibilidadad del proyecto, lo impulsó y lo comenzó lleno de esperanza. Don Celestino Requejo que lo continuó, lo puso en marcha y lo hizo brillar. Sus hijos: Ernesto, Socorro, Honorino… que lo consolidaron. Esta generación de Jesusina que ha mantenido viva la memoria de aquel proyecto increíble. Y ahora los bisnietos aún poseen los ecos. Pero parte muy importante en aquel desarrollo fueron nuestros padres, nuestras madres, muchos vecinos que trabajaron duro, sobre todo durante los veranos, para darle aquella vida y nos trasmitieron la intrahistoria de aquellos 70 años inolvidables en los que desfilaron por nuestro lago muchas personalidades del mundo cultural, político, periodístico… artístico, de la sociedad española, portuguesa, inglesa, americana…buscando las bondades sanadoras de las aguas sulfurosas, la pesca, los paisajes, la majestuosidad del lago, y las emociones sublimes provocadas por su paz y la belleza de su entorno. Todos ellos dieron lustre y trajeron la ocasión de que se pusieran algunas piedras para la modernización del pueblo, aunque este siempre detrás, mucho más atrás. Por ejemplo, la carretera llegó al Baño en el año 1880 pero desde él al pueblo siguió habiendo un camino hecho por los vecinos; hasta cincuenta años después no se hizo la carretera, y con prestación personal del pueblo.
La marcha de este miembro de aquella familia vecina durante tantos años y tan unida al mundo de nuestros padres durante esas décadas, me ha sumergido en un mar de reflexiones y recuerdos en estos días lánguidos de otros confinamientos, de incertidumbres y tristezas que provocan estados anímicos de abatimiento, nos agobian a veces por su enorme pesantez, pero también agobia saber que hay cosas evitables y no se hace nada, como el abandono, la desidia, la dejadez, la decadencia, en estos lugares que fueron hace pocos años tan hermosos y ahora permanecen en ese abandono desolador que empuja hacia la caída y al decrépito. Se da a la vez en el Balneario, abandonado hace años, y en el pueblo cuya tierra lo sostuvo, Ribadelago, que una vez fue destruido de repente y ahora sufre una decadencia no lenta y parece imparable. El epicentro hoy son las playas, y solo ellas son atendidas, ni el baño, abandonado por la familia hace ya muchos años, ni el lago en sí mismo, ni sobre todo el pueblo atraen la atención y cuidados de nadie. Este languidece y vemos como ese edificio que es nuestro mundo creado con sacrificio y amor y consolidado con el cemento del esmero, de la atención constante de nuestros mayores, y de los valores que nos trasmitieron, cae sin remedio, se desmorona entre olvido, basura, abandono y ausencia de actitudes y de un poco de verdadero amor a nuestro bellísimo territorio.
Los pueblos del corazón del Parque no pertenecen al Parque?
“Se muere Ribadelago orilla de sus luchas”.
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