Nos escondieron la primavera pintándola de gris y nos están tapando el verano con sombras de nubes negras. Es como si alguien hubiera dictado que la tranquilidad no casa con la condición humana del españolito de a pie. Más madera. No nos bastan con los rebrotes de la pandemia, que ahora, recién parido agosto, nos acunan con lo del exilio del rey emérito, que algo habrá hecho, ¿no?, si no, no sé iría. Qué se ande con cuidado Felipe VI que ahora ya no quedan escudos, la monarquía está a la intemperie y va a tener que aguantar carros y carretas pasándole por encima, que los hay que no paran y tienen el afán muy largo y la bolsa muy corta.

En Zamora ha vuelto la pandemia a enseñorearse por las calles. Son casos importados, nos dicen. No te jode, como si eso nos exculpara de la preocupación por el dolor y la enfermedad. Nos habíamos tapado con sábanas de sopor estival y nos sacuden en el culo con una vara de mimbre. Que nadie se despiste, que vendrán caballos desbocados a tirar de las maromas para desmembrarnos. O algo así; que nos tienen viviendo sobre el filo de una hojilla de afeitar.

Es tiempo de dudas, de no saber qué hacer, de si voy o si vengo. Así no hay quien hilvane la aguja del sentido común. Eso sí, la naturaleza no para. Los cereales ya duermen el sueño del precio de miseria. Los campos han pasado de ser un mar sin surfistas a un erial donde corren las sardinas con patas y los conejos andan a puro degüello, que lo tienen todo hecho trizas, como si no hubiera un mañana.

La provincia se llena de los hijos de los hijos de sus hijos, pero ya no es lo mismo. Muchos de los que vienen no tienen ninguna ligazón con esta tierra. Vienen buscando espacios abiertos, libres de virus, y unas vacaciones baratas. Piensan en futuro, en su lugar de trabajo, donde viven. Allí votan a quienes piensan en singular, en llevarse todos los triángulos de la tarta, aunque los vecinos del territorio de al lado se queden sin pastel. Es lo que hay, los abuelos están bien enterrados.

Sí, entre unos y otros nos están tapando el verano con sombras de nubes negras. Así no hay quien viva, aunque nunca ha sido fácil. La vida es complicada, dicen en mi pueblo. Y si eres rey mucho más, hasta la sangre azul se te vuelve dorada.