Siempre hemos pasado de puntillas por temas que aun formando parte de nuestro día a día, nos hemos puesto de perfil y preferimos seguir haciendo la crítica justificada de los temas que consideramos nucleares a los responsables de su gestión, que ya pocas excusas les quedan por abrazar. Me decía un médico curtido en responsabilidades medico/sanitarias y que sigue estando en primera línea de combate contra el Covid, "esta clase política nos hará pasar de héroes a villanos en el momento que más les convenga". Es posible que nuestro cónclave de políticos pudieran provocar este desprestigio, lo han intentado con la Guardia Civil porque les molestaba la verdad y también lo pueden intentar con la siguiente institución más valorada por nuestra sociedad que son los profesionales de la sanidad. Ya saben, queridos lectores, que nuestros bisoños políticos hacen gala de esa frase "Que una verdad no estropee tu puesta en escena."

Pero no me quiero desviar del titular. ¿Qué ha pasado con nuestra actividad sexual durante este confinamiento? Podríamos decir, simplificando, que la sexualidad es una parte inherente a la condición humana, es la expresión y canalización de emociones, deseos y establecimiento de relaciones sociales cuando interactuamos con otras personas.

A través del sexo nos experimentamos a nosotros mismos como personas en otra dimensión, es un rasgo más de nuestra identidad, nuestro sentido del ser, seamos homosexuales, heterosexuales, bisexuales, autosexuales?, alcanzando esa triple dimensión de la sexualidad: placer, comunicación, reproducción.

¿Qué necesitamos para tener una respuesta sexual? Necesitamos una motivación, un impulso, y para ello es indispensable un contexto, un ambiente positivo, óptimo; así con esta consideración podemos decir que durante este periodo de confinamiento, de restricciones impuestas, de pesimismo colectivo, de incertidumbre, de fracaso, de desdén, también ha existido la castración del deseo, de tener una buena salud sexual.

Este confinamiento y sus consecuencias en la economía, en la salud, en lo laboral tiene un mismo actor principal, nosotros mismos; estará afectada nuestra economía, nuestra salud y nuestro trabajo, todo ello está generando comportamientos nada saludables, también en nuestra vida sexual, llenando de polución nuestras relaciones y nuestra vida afectiva. De las palabras de ánimo y de aliento que inundaban nuestras conversaciones al inicio de la pandemia, en la que todos teníamos el miedo en el cuerpo, hemos vuelto a la peor versión de nosotros mismos. ¡Qué buenos momentos hemos vivido de solidaridad, de verdad, de escucha activa, de empatía, de acariciarnos con palabras, de sensualidad verbal!

¿Qué hacer para gobernar nuestra salud sexual? Es evidente que somos los dueños de nuestras conductas, podemos hacer o no hacer. Por esta razón hay que ponerse a elaborar las mejores condiciones que nos permitan disfrutar con plenitud de nuestra vida sexual, preguntarnos, ¿Cuándo fuimos más felices? ¿Qué hacía para alcanzar esa felicidad? ¿Qué necesitaba para alcanzar ese estado de felicidad?

Estamos creados para ser felices, todo aquello que lo dificulte habrá que analizarlo para poderlo modificar, adaptarnos o rechazarlo en favor de esa felicidad a la que no podemos renunciar nunca. La máxima que debemos repetirnos es, voy a ser feliz por Real Decreto, yo soy mi Parlamento, mi Senado y mi Presidente. No podemos dejar en manos de los demás nuestra felicidad a la que estamos llamados y debemos conquistar día a día.

(*) Educador Sexual, Experto en Mediación Civil y Mercantil por el CEU. Psicopedagogo, Doctorando en Psicología, Coach, PNL