El Ingreso Mínimo Vital que cuenta con detractores y defensores casi por igual, está llamado a suscitar polémica. Son muchas las preguntas sin respuesta que se hacen los españoles. Lo que más preocupa a la mayoría ciudadana es el hecho de que esta prestación pueda generar un efecto llamada "a gritos" como ha dicho algún experto. La ciudadanía no las tiene todas consigo, precisamente porque corren por las redes diversos mensajes procedentes del orbe musulmán donde se informa de las cuantías de esta nueva ayuda según la situación personal de cada familia.

Lo incomprensible es que en Marruecos se conozca ya lo que aquí ni se sabe, me refiero al montante económico que se percibirá según los casos. Haya o no efecto llamada, las fronteras de Ceuta y Melilla y el mar de Alborán serán algunos de los principales puntos calientes en este tipo de llegadas. La verdad es que son muchos los inmigrantes que están difundiendo estos días entre sus amigos y familiares, fundamentalmente a través de las redes sociales, la nueva renta mínima. La verdad es que los requisitos impuestos por la Seguridad Social no pueden ser más laxos, o cambian o ahí tiene usted el origen del asunto. Encima, el proyecto español contempla un año de residencia legal en España, mientras que el proyecto equivalente en Alemania, Francia e Italia habla de un mínimo de tres años y un máximo de cinco que sería lo aconsejable, lo prudente, lo sensato.

Eso por un lado, por otro está la consideración, también de muchos expertos sobre el hecho de que la renta mínima ha venido, como el Covid-19, para quedarse, por lo que temen que la prestación tenga efectos nocivos sobre el empleo, la inmigración de la que hablábamos o las cuentas públicas. Es lo que han dado en llamar "el nuevo PER" que será, según los entendidos "un incentivo brutal a la economía sumergida". Como no existan los más que necesarios mecanismos de control, la picaresca entrará en escena y lo demás podemos imaginarlo. La historia del PER está lo suficientemente manchada como para evitar cualquier parecido.

Lo que tenga que suceder, sucederá. Hay que esperar que se hagan las cosas bien. Que se dejen de demagogias baratas y oportunistas y ese ingreso mínimo vital sirva para dotar de dignidad la vida de las personas que realmente lo necesiten y así evitar las estampas que empiezan a ser costumbristas, de personas rebuscando en los contenedores de basura, formando parte de interminables colas en Cáritas o poniendo al límite al Banco de Alimentos. Que este ingreso suponga dignidad y el fin del hambre.