Muchos de los lectores de esta columna saben que soy Guardia Civil jubilado y algunos también que fui el creador del equipo de Policía Judicial o Policía Científica en 1980, entonces llamados Equipos de Investigación y Atestados, en la Comandancia de la Institución de Salamanca. Comprenderán ustedes que todavía me preocupen los temas relacionados con la Institución tanto sin son favorables cómo si no.

Los Equipos de Policía Judicial, lo mismo que otras especialidades creadas recientemente en todas las Instituciones del Estado se han hecho bajo el amparo de la recién aprobada Constitución Española, en lo único que se han modificado estos equipos es en el aumento de personal y en la excelente dotación de medios materiales. La dependencia orgánica y funcional sigue siendo exactamente la misma y me la tuve que aprender muy bien entonces porque estábamos haciendo la transición del antiguo régimen al actual.

En este episodio lamentable del informe del Jefe del equipo de Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, del que sólo sé lo que dice la prensa, me sorprenden varias cosas: la primera, que si su Señoría ordena al Jefe de la Policía Judicial, que no es el Coronel Pérez de los Cobos, que practique unas actuaciones indagatorias de la existencia de un delito cometido por altas personalidades del Gobierno de España y le pide que dé cuenta a ella solamente, no entiendo cómo está informado de ello su superior jerárquico, el coronel Pérez de los Cobos. Y una vez roto el secreto por qué éste no tomó las medidas pertinentes contra el autor o autores de la falta y seguidamente informar a sus superiores para que llegue a la más Alta Autoridad jerárquica. Según lo que ha transcendido, alguien debió comunicarle la noticia a la directora general de la Guardia Civil quién pide explicaciones tan pronto como las conoce, diez de la noche del domingo 24 de mayo. El Estado no duerme y sus representantes están en vela. Ni esta directora ni ninguna otra que estuviera al mando de la Institución le iba a justificar una falta de disciplina tan grave como la cometida por el coronel de referencia. Las faltas de disciplina en las Instituciones militares se corrigen en el acto y se gradúa la intensidad en el expediente correspondiente en el que se llegará a la conclusión de que sea falta o delito y si existen agravantes o atenuantes.

Según lo que ha transcendido la redacción del informe final es manifiestamente mejorable pero como eso es subjetivo en la vista oral ya se encargarán las partes de aclararlo.

En cuanto a los ceses de los oficiales generales por "solidaridad institucional" con el o los sancionados aquí no hay más solidaridad que el juramento a la Constitución, las pataletas de los militares románticos y liberales agraviados del siglo XIX ya saben lo que nos trajeron. Aquí el único agravio ha sido el que nos han infligido a todos los españoles por, lo que según parece, había una cierta animadversión hacia su ministro del Interior y directora general, otros hablan del Gobierno de España, que ha sido elegido por los españoles en unas elecciones generales.

La carrera militar finaliza en el empleo de coronel a partir de ahí prima la elección sobre la selección y todos son cargos de confianza. En estos días de luto oficial por las víctimas del COVID-19 lamento profundamente que la oficialidad de la Guardia Civil al más alto nivel esté siendo objeto de dudas graves de lealtad al Gobierno. Me resulta incomprensible.