22 de mayo de 2020
22.05.2020
La Opinión de Zamora

Forés

Un torero atípico que desplegaba su capote en los salones del Círculo de Benavente

21.05.2020 | 23:24
Forés

Cuando crucé por primera vez el puente de Triana y llegué a la plaza del Altozano, el bronce dedicado al torero Juan Belmonte me hizo retomar lo que ya sabía de la vida del maestro.

Bruto, entregado por completo a su oficio. Torero de los pies a la cabeza, esa cabeza no pensante, tan contraria a la de su rival en los ruedos José Gómez Ortega, "Joselito".

Un diestro éste, que elevaba los ojos al cielo azul de sus sueños antes de clavarlos en la puerta de chiqueros por la que, tal vez, asomara la muerte.

Un torero reflexivo, a quien Bailador, un toro pequeño y burriciego, lo embistió, causándole una cornada que le produjo la muerte en la plaza de Talavera de la Reina.

Pero hablaba de Juan Belmonte. De lo contrapuesto a José, del que nunca pudo superar su decadencia; al que le cansaba soportar como la vida se le iba agotando sin la suerte de que cualquier toro derramara su sangre sobre el albero haciéndole también eterno.

Y tuvo que ser una bala aceptada y un día escogido para poner fin a su vida.

José María Forés, gran amigo, tenía algo de ambos, aunque careciera del valor necesario para dejarse acunar entre las astas del morlaco.

Siempre rechazó mirar de frente al cornúpeta que bufando se adueñaba del redondel, pese a tener desde el burladero el constante y exacto consejo del diestro Andrés Vázquez.

Intentó ser un torero atípico que desplegaba su capote en los salones del Círculo de Benavente, trasformado en campo de tientas, mientras su primo Fernando Arias o don Esteban Fernandez, "el chocolatero". le jaleaban con aplausos y el bien, muy bien, maestro.

Tenía la hechura hermosa de Enrique Ponce y hasta arrastraba las eses cuando se ceñía el traje campero.

Nunca dejó crecer la coletilla porque siempre dijo que esa añadidura iba reñida con la toga.

De él se puede leer en el Cossío: "Matador de toros del que se dio breve noticia como novillero, en la página 923 del V volumen de esta enciclopedia taurina. Sin ser prácticamente conocido por la afición, tomó la alternativa el 14 de junio de 1979 en la localizad zamorana de Benavente, apadrinado por Andrés Vázquez y con Gabriel de la Casa como testigo de la cesión. Se corrieron en tal oportunidad tres astados de Francisco Galache y otros tres de Manuel San Román y así puso punto y final Forés a su fugaz aventura en los ruedos."

Pero al que más conocimos fue al otro Forés, al que le gustaba mirarse en el reflejo dorado de un vino fino, el que caminaba con la soltura de los dotados de gracia y el que jamás se arropó dentro de un abrigo así cayeran chuzos si no era para soportarlo sobre los hombros.

Posiblemente su librería de jurisprudencia acumulara un polvo de años y olvido y los tomos del derecho civil y penal, durmieran sobre la mesa de su despacho esperando ser abiertos por las anotaciones escritas al margen.

"Y cesó todo al fin porque quisiste. Te entregaste tú mismo; estoy seguro. / Lo decía en tu sonrisa triste / tu desdén hecho flor; tu desdén puro".

Esto escribía Gerardo Diego de Joselito, en la elegía en honor del rey de los toreros.

Y Guerrita sentenció: "¡Se acabaron los toros!".

Ambas cosas no podremos aplicar a nuestro amigo muerto, cuyo sueño fue ser torero y que lo consiguió. Pero sí podemos recordarlo y así lo recordarnos como lo que fue: uno de tantos entrañables personajes que van pasando por el coso de la vida dejando el halo incorruptible de su recuerdo.

Volvió la cabeza para contemplar de nuevo el bronce del torero erguido en medio de la plaza. Bruto, entregado por completo a su oficio. Torero de los pies a la cabeza. Midiéndose a su contrincante, un Joselito pensante, callado, reflexivo, con los ojos elevados del albero para contemplar el cielo azul de sus sueños antes de clavarlos en la puerta de los chiqueros por donde, tal vez, apareciera la muerte.

- Me quedo con José.Y para aliviarse cambió su perspectiva plantándose ante el monumento a Juan Belmonte.

- Si uno considera la vida como un aburrimiento y de la que se ha dado ya cumplida cuenta, lo mejor es quitarse del medio.

¿No te parece, torero?

Así justificaba el suicido del diestro cuando salía el tema en las tertulias taurinas. Se dio cuenta que de esta forma estaba disculpando también la resolución con la que quiso resolverse Manuela.

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