17 de mayo de 2020
17.05.2020
La Opinión de Zamora
Siete días y un deseo

Voluntariado

Agradecimiento a una labor incalculable y de manera callada

17.05.2020 | 03:41
Personal de Cruz Roja en una imagen de archivo.

Entre los destinatarios de tantos aplausos que estamos compartiendo durante los últimos meses, no podemos olvidarnos del voluntariado de las diferentes organizaciones y entidades sociales que están prestando una labor incalculable durante esta crisis y, en general, de manera callada, en muchas otras circunstancias. Son cientos y cientos las personas, con nombres y apellidos, que sacan unos minutos de su tiempo diario, semanal o mensual para echar un cable en la organización social con la que colaboran. Sé de lo que hablo por mi vinculación directa con Cruz Roja en Zamora, organización humanitaria que, desde que se inició el estado de alarma, puso en marcha el mayor despliegue de recursos materiales y humanos de su historia para responder, de manera urgente, rápida y eficaz, a las necesidades de los más vulnerables. Sólo en la provincia de Zamora se ha prestado ayuda a más de 11.000 personas a través de los diversos canales de apoyo y atención. Y para eso, claro, ha sido imprescindible la participación del voluntariado.

Me consta que otras organizaciones y entidades sociales del tercer sector están poniendo lo mejor de sí mismas para estar cerca de aquellos colectivos, hogares y personas que, en las circunstancias actuales, más lo necesitan, echando mano también del voluntariado. Esta red de voluntarios y voluntarias, de hombres y mujeres de carne y hueso, son un instrumento muy valioso para fomentar y apoyar las relaciones de cooperación. Son también recursos que conforman eso que los sociólogos denominamos "capital social" y que, en muchas ocasiones, explican los distintos niveles de desarrollo, calidad de vida y bienestar de la población. Estas redes de reciprocidad constituyen, junto al mercado, como mecanismo de intercambio y de vinculación a la contribución colectiva en la producción y en la creación de valor, y el Estado, como instrumento de la redistribución de bienes y servicios a través de los mecanismos que básicamente llevan a cabo los poderes y administraciones públicas, los grandes pilares de inclusión e integración social.

No existe, sin embargo, un único modelo de integración social ni, por extensión, de Estado del Bienestar, como ya señaló el sociólogo danés Gösta Esping-Andersen en su célebre estudio "Los tres mundos del Estado del Bienestar". De estos temas vengo hablando durante las últimas semanas en mis clases virtuales de la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad de Salamanca. Las actuales circunstancias que estamos viviendo y las medidas que se están implementando para hacer frente a la crisis sanitaria, económica y social son una ocasión propicia para debatir sobre el papel del Estado del Bienestar y, en definitiva, por las responsabilidades que deben asumir las Administraciones Públicas, el mercado, las familias o las redes vecinales y comunitarias. Las respuestas, como pueden imaginar, son distintas, pues distintas son también las ideologías que sustentan unas u otras opciones y alternativas. En cualquier caso, el voluntariado está jugando un papel muy relevante en estos momentos. Y yo quiero agradecerlo públicamente.

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