El llamado paréntesis estival afecta a todo el mundo, incluso a los que no se toman ni una semana de descanso. En el paréntesis estival nos liberamos algo de apremios, y vemos la vida en su cara menos agobiante, debido sobre todo a cierto consenso implícito en relajar un tanto el cumplimiento de las obligaciones. En mi opinión el final del paréntesis tiene muchos anuncios, como la vuelta al cole o al trabajo, las primeras frescas, los primeros anuncios de la lotería de Navidad o el regreso del fútbol, pero solo llega con su cara ceñuda con los primeros malos resultados de nuestro equipo y la consiguiente toma de tierra de las ilusiones y los globos. Cuando en ese momento echamos con fuerza el aire, nos decimos "en fin, vamos allá", y descolgamos el teléfono para recordar algo a alguien, estamos cerrando el dichoso paréntesis. Nada más colgar será otro el que nos llame a nosotros.