10 de septiembre de 2019
10.09.2019

Un silencioso "te jodes"

Todos los cadáveres inspiran amabilidad

09.09.2019 | 20:36
Un silencioso "te jodes"

No siempre lo que escribimos contiene cosas amables. Creo, que a fuerza de ser deformada, la realidad es una incómoda paradoja que no mira más allá de la tierra. Debemos pensar en la muerte, y sin hacer ruido, releer las líneas de nuestra vida...

Por desgracia, a diario, vemos que la muerte nos amenaza, y lo hace de mil maneras. Ante todo, creo que es preciso no tener miedo; la debilidad nos incapacita y nos impide pensar correctamente. La vida, queridos lectores, no es un énfasis rimbombante que se hincha con el sentimiento de estar. Piensen en la cantidad de vidas que quedan embarrancadas junto a la sorpresa y díganme de qué sirve no hablar de la muerte. Nuestro amor por la vida es comprensible, pero de ahí a tener un sentimiento de arraigo va una gran distancia. ¿Son capaces de imaginar su muerte? Muchas personas no, supongo que no están preparadas para darle una forma perecedera a la vida, y por lo tanto prefieren pasar del tema. Claro, pensar en nuestro fin, es darse cuenta, que la carne es un rebajamiento que alimentará a moscas, polillas y escarabajos (entre otros).

Me resulta curioso ver que todos los cadáveres inspiran amabilidad. Durante nuestra existencia, seamos conscientes, no tenemos "la recompensa" de la lágrima y el elogio. Al contrario... La muerte, opinión subjetiva, tiene un fondo de conciencia soportado con la superioridad del viviente. ¿Saben? Creo que la conjetura del muerto son los afectos del vivo. Hasta los enemigos se inclinan con lujuria ante el féretro para decir un silencioso "te jodes".Sí, así es la vida, un intercambio de afectos (unos de ocasión y otros reales).

Dante imaginó a los ángeles esperándolo; a mí me cuesta, ni con una botella de vino de Toro puedo ver el cielo como un poema consagrado de inmortalidad. Prefiero pensar que soy una criatura humana, sin idolatría espiritual, que vino a la vida (sin decidirlo) cumpliendo la naturaleza del amor de dos personas que se amaron: los padres. No sé el tiempo que me queda de vida, ustedes tampoco, pero desde hace años he dejado de darle importancia y procuro disfrutar de cada día como si fuera el último. Ya saben... Que nos quiten lo bailao.

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