09 de septiembre de 2019
09.09.2019
Cartas

de los lectores

Personal de ventas

08.09.2019 | 19:17

Que las costumbres están cambiando, pienso que en muchísimos casos para peor, es algo incuestionable, pues las evidencias del día a día así nos lo demuestran. Entre otras muchas razones, pueda deberse a la escasa educación que el común de los mortales tienen hoy en día, la falta de respeto y consideración a sí mismos y a los demás, la indiferencia sobre la pésima reputación que ello les conlleve, el hedonismo sin límites, la carencia de la más mínima reflexión sobre el comportamiento propio; especialmente cuando, como es normal en una sociedad donde no vivimos aislados; repercute en los demás; en suma, que todo ello hace la convivencia más desagradable, más individualista, más recelosa respecto del prójimo, procurando manifestarse lo mínimo posible sobre cualquier tema, midiendo las palabras al milímetro, evitando en la medida de lo posible el contacto humano.

Algunas personas que se toman la confianza que nadie les ha dado, indagando sobre aspectos vitales que ni les van ni les viene, al no tener ninguna relación con ellas ni el tema profesional que se pudiera tratar; o se contradicen con lo que dicen y a lo que se comprometen y luego no lo hacen, entrando en una incoherencia total, con el desprestigio y desconfianza que ello les conlleva, lo cual suele darse, muy especialmente, con profesionales, cuya relación con el cliente suele ser de máxima confianza y, por lo tanto con una exigente discreción, como puedan ser las que se desarrollan en entidades de crédito; que, por cierto, es una de sus máximas características que sus personas empleadas han de cuidar tanto dentro como fuera de sus oficinas; pues lo que pueda manifestar un cliente con ocasión de una operación bancaria, es "top secret". Pues si no se procediera así, la elegancia, la distinción, el aprecio, queda por los suelos como la opinión negativa de la persona empleada y de la propia banca; pudiendo conllevar la pérdida del cliente, como los comentarios negativos entre su círculo de amistades, conocidos y saludados, amén de lo que pueda volcar en las redes sociales.

A cualquier persona hay que tratarla con la máxima consideración, respeto y amabilidad; lo mismo que nos gusta que nos traten; y, más si cabe, si gracias a que entra en el establecimiento donde prestamos los servicios profesionales, es un cliente que paga por ellos, lo que justifica la existencia del puesto de trabajo, de las remuneraciones que se reciben, de la empresa, del establecimiento, de la oficina y permite financiar los infinitos gastos que toda familia tiene que afrontar.

Sí, el cliente es el jefe , al que al menos el personal de "front office" debe recibir con cortesía, con agradecimiento por acudir al punto de venta, asesorarle adecuadamente, jamás ponerle mala cara, o antipatía, guardar la máxima discreción de lo que pueda manifestar, y al ser posible recibirle con una sonrisa, lo que supondrá que vuelva pronto, que sea fiel, que haya una clientela estable y satisfecha, que pregone las bondades, aptitudes y actitudes positivas de sus personas trabajadoras, etc.

Y tengan presente aquello de que "1º El cliente tiene siempre razón. 2º Cuando el cliente no la tuviera, aplíquese el artículo 1º", y que todas las personas son clientas unas de otras. Saquemos conclusiones y no se sean algunas personas de venta tan rudas en el trato a quiénes les dan de comer, les posibilitan desarrollar sus supuestas facultades y profesión y ser útiles a la sociedad de la que forman parte y a la que se deben. Las enseñanzas de "marketing", en lo que se refieren a lo que debe ser una excelente "política de comunicación", deben procurar que sus docentes explicarlo, justificarlo, motivarlo a su alumnado. Y, como siempre, la educación condiciona el comportamiento humano, que exige empatía con quienes nos relacionamos. Si es escasa, o inexistente, pocas ventas conseguiremos, por mucha "buena presencia" que se tenga, como se decía en tiempo de los "tataras".

El análisis psicológico de los aspirantes a "enfrentarse" a la clientela, como su formación continua son fundamentales, para la existencia y crecimiento del negocio; al posibilitar seleccionar a los mejores.

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